Música clásica de un gran ducado a la Villa 31

Seis años atrás, cuando integraba la sección de percusión de la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam (y en la que fue su gira de despedida como miembro de ese ensamble), el español Gustavo Gimeno actuó por primera vez en el Teatro Colón. Ahora, con una carrera consolidada en la dirección orquestal, a Gimeno le tocó regresar a esa sala, pero esta vez al frente del organismo del que es titular desde el 2015: la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo. Además de los conciertos programados dentro del ciclo del Mozarteum Argentino y junto al brillante violinista Julian Rachlin, las actividades de Gimeno y la orquesta luxemburguesa incluyen presentaciones en la Villa 31 y un concierto gratuito para grandes y chicos en el Auditorio Nacional del CCK, con la narración de la actriz española Ana Hernández-Sanchiz y un programa centrado en la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák. En nuestro país, también estará en Rosario y Córdoba.Apadrinado por grandes directores como Mariss Jansons, Bernard Haitink y Claudio Abbado, de los que fue asistente, Gimeno es un director en pleno ascenso, y así lo demuestra su nombramiento al frente de la Orquesta Sinfónica de Toronto a partir de la temporada 2020. Sobre esos tres referentes de la dirección, Gimeno señala: “Lo curioso es que un letón crecido en San Petersburgo, un holandés o un milanés pertenecen a culturas muy distintas. Pero no son las diferencias lo interesante sino las similitudes. Son tres músicos con un gran amor hacia la música, y que hasta sus últimos días como directores, o hasta una edad avanzada, mantuvieron esa pasión y humildad día tras día. Los tres fueron honestos, muy estudiosos y responsables, y siempre mostraron un gran respeto hacia la profesión, hacia la música. Su actitud fue un gran ejemplo para mí, y debería serlo para las nuevas generaciones”.–Esta es su quinta temporada al frente de la Filarmónica de Luxemburgo. ¿De qué manera evolucionó su relación musical y humana con la orquesta?–Como en cualquier relación, hay desarrollo. Hicimos más de cien conciertos juntos. Lógicamente, al comienzo siempre pasamos por una fase de conocerse uno al otro, pero después de tantos conciertos, grabaciones y giras, a esta altura nos conocemos por completo, y a veces basta con una mirada para entendernos. Hay cosas que trabajé desde el inicio de nuestra relación y creo que ya se han limado y forman parte de nuestra manera de tocar, lo cual no quiere decir que no haya siempre mucho trabajo por hacer, pero ahora es más fácil encontrar nuestro sonido y nuestra identidad. Hacemos actividades muy diferentes: ópera, obras contemporáneas, conciertos educativos, repertorio alemán, francés, y eso nos enriquece como músicos.Salir al toroEn febrero de 2014, cuando era asistente de Mariss Jansons en la Orquesta del Concertgebouw, Gimeno debió poner a prueba su sangre fría al reemplazar a último momento al director letón y debutar en el podio de la agrupación. “Fue un momento crucial –recuerda Gimeno–, porque a partir de eso fui más visible y tuve oportunidades. Cuando recibí la noticia, primero sentí una gran alegría y después una gran preocupación, porque me di cuenta de que era un toro difícil de torear el hacer frente a una orquesta con tanta experiencia, que toca tan bien y con un repertorio complejo, en dos conciertos en Ámsterdam. Era una gran responsabilidad pero la viví con muchos nervios y mucho entusiasmo a la vez y sin hacerme más preguntas de lo que vendría en el futuro”.–¿Estar al frente de la orquesta de la que había sido miembro hizo del desafío uno todavía mayor?–Por una parte fue más fácil, porque uno conoce el instrumento, lo que les gusta o les disgusta a los músicos, pero por otra parte son colegas y uno está de pronto en un rol radicalmente diferente, no detrás de ellos sino enfrente y dando instrucciones. Algo en mi mente se ajustó rápidamente a la situación, se encendió un dispositivo que me decía que o le hacía frente de la mejor manera posible o el concierto no iba a ser satisfactorio. El director da instrucciones, planifica los ensayos, pero finalmente somos colegas en el escenario, y el director no emite ningún sonido: aunque uno sea el máximo responsable al fin y al cabo, se trata de algo compartido.–La prensa dijo entonces: “Tiene la mano derecha de Chailly y la mano izquierda de Abbado”.–¡Ojalá! Las manos son un medio de expresión corporal, pero lo que uno lleve dentro es determinante.–Hay antecedentes importantes en el paso de percusionistas a la dirección, como el caso de Simon Rattle. ¿Piensa que su condición de percusionista le da un valor agregado a su tarea como director?–En absoluto. Es un detalle más, como haber nacido en determinado sitio o entorno. Todo lo que nos forma tiene una influencia: si hubiera sido violinista en vez de percusionista habría sido diferente con relación a algunos detalles, porque te influye de una manera u otra, pero no necesariamente inferior o superior. Es un detalle sin demasiada importancia. Haber estudiado y crecido en la Orquesta Real del Concertgebouw me ha formado mucho más que el instrumento que toqué.–Se habla mucho del “sonido de las orquestas”, el sonido de Viena, de Berlín, del Concertgebouw… ¿En qué medida es real, y de qué factores depende?–Depende de la historia: una tradición larga de grandes maestros va formando una manera de sonar, con las particularidades de cada orquesta. En el caso de las orquestas que menciona, está claro que hay un sonido que las distingue: la del Concertgebouw suena absolutamente diferente de las de Berlín o Viena. Lo que sí es un mito, sobre todo ahora con la globalización, es hablar de orquestas europeas y de orquestas americanas. En Estados Unidos, por ejemplo, hay orquestas de gran tradición, como Chicago o Cleveland, que suenan de una forma muy, muy diferente. Dividir el sonido en americano o europeo me parece que no es cierto.Un puente hacia la músicaEl concierto didáctico que la Orquesta de Luxemburgo ofrecerá en el CCK no es una iniciativa aislada, sino que se suma a una gran cantidad de experiencias de apertura a nuevos públicos que el organismo promueve y lleva adelante. Al respecto, Gimeno detalla: “La Filarmónica de Luxemburgo hace conciertos para la familia con formatos muy diferentes. Se hacen conciertos de cámara o se visitan escuelas, las actividades son variadas. No solo en la Orquesta sino en la Philharmonie (la sala de conciertos de la capital del país) también hay un programa educativo muy activo. Este concierto no será un análisis de la obra sino una manera de contarla verbalmente al público de diferentes edades, una herramienta para poder entender cómo una gran obra, en este caso la Sinfonía del Nuevo Mundo, toma forma, quién fue el compositor, cuál fue su inspiración, y, con la descripción de Ana Hernández, entender cómo los diferentes movimientos pueden ser sentidos. Se trata de dar unas nociones que nos permitan comprender más acerca de cómo se concibe una obra, cómo se la puede interpretar y de qué manera conectar lo que se escucha con nuestras emociones”.Filarmónica de Luxemburgo​Lugar y fecha: domingo 29 de septiembre a las 11.30 en el CCK (Sarmiento 131); lunes 30 de septiembre a las 20 en el Teatro Colón (Cerrito 618); lunes 30 de septiembre en la Villa 31.

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