La mujer en los ojos de Antonio Berni

La mujer y la representación del mundo femenino en la obra de Antonio Berni desde los primeros desnudos realizados en Europa por el artista, antes de su regreso a la Argentina en 1931, y su evolución a lo largo de su trayectoria es el tema de la muestra Antonio Berni. Ramona y otras mujeres, que se inauguró hace días en las salas de la Quinta Trabucco, rodeadas por el verde del bellísimo parque de ese centro cultural de la Municipalidad de Vicente López.

“Ramona bataclana o Ramona en el cabaret”, ca. 1964, xilocollage, 107 x 61,3 cm.

Curada por Cecilia Rabossi la muestra incluye sobre todo trabajos de las décadas del 30, del 60 y 70, aunque se exhibe también un puñado de dibujos de 1980, es decir, un año antes de la muerte del artista. Quizá valga la pena empezar por lo que es sin duda lo menos conocido de Berni y que une en el mismo sector los dos extremos temporales: 1932 y 1980. Son 18 fotografías que el joven Berni tomó en 1932 en los prostíbulos de su Rosario natal para ilustrar un artículo sobre la prostitución que el historiador Rodolfo Puiggrós escribió para el periódico Rosario Gráfico. Al pie de esas fotos, que muestran a las prostitutas solas o en grupo, con sus clientes o esperando por ellos en las mesas del lugar, se leen fragmentos de un texto de 1976 en el que Berni relata ese trabajo. “Los mejores quilombos de Rosario –dice– estaban en la calle Pichincha (…)Lo corriente es que fueran grandes patios que habían sido techados con vidrio, de modo que, de día, eran muy luminosos (…) yo ponía la maquinita sobre la mesa y así con el mayor disimulo o usando cualquier treta, sacaba las fotos sin que nadie se diera cuenta”.

Una de las fotos tomadas por Berni en un burdel para ilustrar el artículo de Rodolfo Puiggrós en “Rosario Gráfico”.

El artículo que ilustrarían esas fotos era muy crítico de la existencia de prostíbulos –entonces legales y reglamentados en Rosario– de modo que Berni estaba obligado a disimular su trabajo. Por eso, las fotos parecen tomadas desde la altura de la cintura y con algunos encuadres que hoy no son raros pero que eran completamente inusuales para la época. Berni no se consideraba fotógrafo, pero tomar fotos no era inusual para él. Solía decir que su Leica era como el lápiz y el papel con el que se toman apuntes para futuras obras. Era un artista al que le interesaba el arte como forma de dar cuenta de la realidad. Y la cámara fotográfica era una herramienta de enorme ayuda en ese trabajo. “Es que yo no concibo el arte sino como acción y testimonio –decía Berni en una entrevista en los años 70– y eso excluye toda tesitura meramente esteticista, desglosada de la realidad cuya expresión lo hace necesario. Por eso cuando cuento cosas, sobre todo porque tengo cosas para contar, para decir, sin esto el arte pierde sentido. Su objetivo original, en esta o cualquier otra época de su historia, adopte cualquier forma, se abra a cualquier experiencia, si no está vertebrada por esa necesidad de decir, no servirá. (…) Yo vivo en el mundo con el acaecer, soy un curioso de lo que acontece, por eso mi obra tiene fondo realista y narrativo donde intervienen tanto el hombre contemporáneo como las cosas y los hechos de ahora”.

“Sin título (burdeles de la calle Pichincha)”, 1980. Témpera, lpiz, collage sobre papel, 39,5 x 34 cm.

Rabossi muestra ese puente entre las fotos y la obra de Berni, montando, junto a las imágenes que el artista tomó con la cámara en el prostíbulo, varios dibujos (lápiz sobre papel) realizados en 1980. En ellos se ve claramente cómo, 48 años después, los dibujos representan –a veces combinándolas– escenas tomadas de las fotos.

De la serie “La obsesión de la belleza” (11), 1976. Serigrafía y litografía, 50,4 x 72,8 cm.

La presión que ejercen la publicidad, los medios y la sociedad sobre el cuerpo femenino son el tema de las once piezas de la serie La obsesión de la belleza, de 1976. El artista aborda con ojo crítico y lleno de ironía la imposición de un modelo de belleza único, se diría dictatorial, precisamente en un año en el que todo parecía sincrónico con la dictadura y la violencia. No es exagerado ver en estas imágenes de cuerpos femeninos agredidos por aparatos presuntamente científicos y benéficos, una referencia aunque sea tangencial a las torturas que ocurrían y se ocultaban en ese momento del país. En la sala donde se exhiben estas obras –en las que Berni cruza en una misma pieza serigrafía y litografía– un video muestra un verdadero hallazgo de Cecilia Rabossi: imágenes de publicidades de institutos de belleza de la época en revistas femeninas que Berni, evidentemente tomó como fuente.

Anuncio publicitario del Instituto de belleza Vilma Nievas publicado en la revista “Para ti” en mayo de 1976.

Antonio Berni. Ramona y otras mujeres Lugar: Quinta Trabucco, Melo 3050, Vicente López. Fecha: hasta el 6 de octubre. Horario: mar a sáb, 9 a 18; dom. 14 a 18.Entrada: gratis.

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