Cuatro décadas después, se estrena la precuela de The Dark Crystal

La retina es un tejido sensible en su doble acepción. Es sensorial y a la vez emocional: conserva la variedad cromática de las imágenes. Sobre todo, las de la infancia, cuando los horrores se fijan en colores indelebles. El cine fantástico, infantil y de terror (suele ser todo eso al mismo tiempo) atesora hoy en los que son adultos colores únicos, con nombre propio: la pureza blanca de Artax, el caballo de Atreyu, y la negrura del lobo que conduce la “Nada” en La historia sin fin; el azul cósmico de los ojos de E.T.; el naranja cadmio del diablo en Leyenda de Ridley Scott y el púrpura de la gema gigante que daba título a The Dark Crystal.Casi cuatro décadas después de esa película fundamental de los 80, nos reencontramos con esa gama de tonalidades y de emociones, con todo un universo de creaciones, con el estreno de The Dark Crystal: Age of Resistance, en formato serie de diez capítulos que acaba de estrenarse vía Netflix. Luego de años de rumores, proyectos fracasados, presupuestos imposibles y hasta el intento de realizar una serie animada por computadora (que afortunadamente no prosperó), llega esta nueva entrega que, a tono con la época, narra la precuela de aquella historia épica. Todo bajo la tutela y supervisión de Lisa Henson, hija Jim Henson, el gigante de las marionetas para los más pequeños (Los Muppets, Plaza Sésamo, Laberinto, entre otros hitos) y la participación de Brian Froud, el creador e ilustrador de todos los personajes asombrosos de la película original.Basta rever The Dark Crystal para rememorar cuán terrorífico e inolvidable sigue siendo su comienzo: entre truenos y oscuridad purpúrea, emergía el castillo del cristal (una arquitectura a lo Gaudí, pero maléfica, de laberintos filosos y curvas espiraladas hacia el cielo negro) junto a la voz del mismísimo Jim Henson, en off que narra: “Otro mundo, otra época, en la era de las maravillas. Cuando el cristal se quebró y surgieron dos razas nuevas: los crueles Skeksis y los bondadosos Mystics”. La voz que relata esta nueva versión también es un lujo: la de Sigourney Weaver, acertadísima, porque acaso las criaturas de The Dark Crystal compitan con las de H. R. Giger en Alien, como las más siniestras jamás creadas por el hombre.The Dark Crystal: Age of Resistance también empieza con un gran acierto: no escatima el protagonismo de los perturbadores y excitantes Skekis. Mezcla de buitres y reptiles, en esta nueva saga puede verse nuevamente a personajes como el Emperador o al Chamberlain, con su gimoteo bífido y malicioso. Tejidos, viseras fibrosas, autopsias de seres fantásticos, un vestuario chillón de realeza decadente, extracciones de ojos, bocas cocidas con hilo, banquetes siniestros como en la película original y micciones de seres imposibles es apenas parte de lo que presenciaremos. Pero también cine de aventuras. Nunca podrían faltar ambas cuando la obra original proviene del creador de seres tan queribles y graciosos como como la rana René o la cerdita Piggy. No hay límite para las proezas de esta serie, en un lienzo audiovisual que parece salido de las criaturas de El Jardín de las delicias, con el triunfo de la muerte de Brueghel el viejo y universos de hadas vaporosos y paradisíacos. Y la vez sería un error pensar que esta nueva entrega no es para chicos. Allí está todo el mundo élfico de los Geflings, que debe recomponer el yin yang asimétrico del planeta Thra, regido por un matriarcado de siete clanes con sus siete Maudras (madres) donde vuelve a brillar, como en la película anterior, la feísima, adorable y chinchuda Aughra, astrónoma y corporización de todo Thra. O los chamánicos Mistics, inspirados en el Machu Pichu, tal como explica el documental que también puede verse en Netflix, The Crystal Calls: Making ‘The Dark Crystal: Age of Resistance.Las películas con marionetas, desde La historia sin fin hasta Laberinto, Gremlins, La tiendita del horror, los recientes largometrajes de los Muppets o las escenas del comienzo de Being John Malkovich, tienen el desafío doble de hacer un cine con reglas propias: movimientos de cámaras distintos (casi nunca se muestran los pies), iluminación verosímil y habilidades del marionetista. La dirección, en este caso, de Louis Leterrier está apabullantemente lograda: jamás la cámara se queda quieta o se impide un paneo debido al tamaño o entorpecimiento de los muñecos.Si se leyó bien a Laura Devetach, Elsa Bornemann, Roal Dahl o a Neil Gainman, el terror fantástico es algo fundamental para que los niños compartan y aprendan sobre el mundo real. Y, a su vez, lo infantil espanta como pocas cosas en el cine para adultos: un payaso en IT (por estos días se estrena el capítulo dos), un globo abandonado en M, el vampiro, un libro infantil o un par de trols enamorados, en las extraordinarias Babadook y Border, respectivamente. Pero es la técnica de los muñecos manipulados, ese juego para niños que existe desde la antigua Grecia, la que horroriza mejor en el cine: la muñeca de El Conjuro, el ventrílocuo y su muñeco en The Ventriloquist’s Dummy, y por supuesto, la marioneta más famosa de la historia: Pinocho. La adaptación animada de Disney es considerada por revistas de crítica cinematográfica como Positif o Premiere como uno de los filmes más terroríficos de todos los tiempos. Después de todo, no es habitual en una película (de chicos o de grandes) que el protagonista sea transformado en un burro o que se lo coma vivo una ballena. Jim Henson, figura insoslayable de la renovación de las marionetas, vio esa Gestalt de títeres y marionetas que, según la miren niños o adultos, transmite diferentes horrores o fantasías.Anestesiados y acostumbrados al CGI y su pantalla azul (que aquí apenas se usó para exteriores y para disimular a los titiriteros), esta nueva saga logra producir y provocar una idea de universo completo, con su propio peso específico. Un mundo particular de capas y de texturas para cada uno de sus decenas y decenas de personajes. Casi los podemos palpar, sentir al tacto y maravillarnos con sus colores. Algo hermosamente sensible y humano, logrado desde un mundo sintético.Jim Henson: el hombre detrás de las marionetas

Henson es el creador de Los Muppets.

Parece llegar un momento, en el arte industrial y de entretenimiento de Hollywood, en que todos los universos de fantasía pasan a ser parte de la factoría Disney. Puede ser la saga de Star Wars, no hace tanto tiempo Los Simpson, a través de la compra de Fox, Pixar, los comics de Marvel y hasta la queridísima rana René. Pero en realidad esto, para bien o para mal, ocurrió hace mucho, a fines de los 80, cuando Jim Henson quería destinar sus esfuerzos y su tiempo para seguir creando sus criaturas y que otros se (pre)ocupen del negocio. Paradojas de la vida, Henson falleció, tristemente a los 53 años, apenas meses después de firmar el contrato con el imperio de Walt Disney.Para ese entonces, ya había creado un mundo nunca visto de marionetas (en este caso y sobre todo al principio, de títeres, cuya mecánica y funcionamiento es más simple) como la rana René, Miss Piggy, Fozzie el oso, El cocinero sueco, El gran Gonzo y ese baterista sacado y gutural que es Animal, que acompañaba a un grupo de estrellas de rock y jazz: Dr. Teeth and The Electric Mayhem en el que hasta había un muñeco, Zoot, en homenaje al saxofonista argentino, Leandro “Gato” Barbieri, tanto pensados para los adultos como para los niños. Si bien no fue el creador de Plaza Sésamo, Jim Henson fue el padre de sus criaturas animadas como las marionetas Elmo o Big Bird. También, solían aparecer allí personajes clásicos de los Muppets.En los 80 produjo varios filmes con sus marionetas, como The Muppet Movie o The Great Muppet Caper o especiales de televisión con algunos invitados de lujo como Orson Welles. También fue en esa década el turno de proyectos más personales como The Dark Crystal (que fue un fracaso comercial en salas y se convirtió en un éxito y película de culto con la llegada del VHS) o Labyrinth, con David Bowie. Junto a uno de sus socios creativos, Frank Oz, fue el inventor del mítico personaje Yoga para la saga de Star Wars.Hoy sus hijos prosiguen el legado de su padre (en varias entrevistas su viuda y también titiritera Jane Henson relata que era tal el apego de Jim a su trabajo, que la única manera que encontraron sus hijos de estar con su padre fue acompañándolo en su profesión) a través de las compañías Jim Henson’s Creature Shop y Jim Henson Company (que por ironías del destino era el estudio de otro genio del cine para todas las edades: Charles Chaplin). Allí se diseñaron y fabricaron muñecos, marionetas o efectos especiales para películas de producción propia, como el reciente estreno The Dark Crystal: Age of Resistance, y también para otros estudios, como los filmes de Harry Potter, Stuart Little, El libro de la selva y la película para adultos y una de las grandes revelaciones de 2018: ¿Quién mató a los Puppets?.

Fuente

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *