El viaje como experiencia transformadora

“Quien auténticamente viaja ha de volver modificado”, escribe Graciela Sarti, curadora de la muestra colectiva Los artistas y los viajes, que es posible recorrer actualmente en la Fundación Klemm. Con conjuntos de obras de Luis Fernando Benedit, Carlos Guinzburg, Matilde Marin, Ana Gallardo y Alejandro Schianchi, la muestra quizás no sea muy extensa pero sí exhaustiva: de cada uno de estos artistas pueden observarse varias obras vinculadas al tema del viaje. En ella es posible captar diferentes perspectivas y apreciaciones del viajar: desde un transcurrir sublime, deslizándose por los límites continentales y vitales, pasando por viajes e irrupciones virtuales en el espacio, hasta cierta idea romántica del conocimiento y traslado por culturas y geografías diferentes.“El mundo debe ser romantizado”, escribía Novalis. “De este modo, el significado original será redescubierto. Romantizar no es otra cosa que una potenciación cualitativa”. La búsqueda con algo de objetivo romántico, y quizás un descubrimiento de algún tipo de milagro, de una experiencia diversa que conlleva un fundamento emocional y existencial de la apuesta, es lo que tienen cada uno de estos trabajos, realizados desde plataformas y materiales diferentes.

Luis Fernando Benedit. Del viaje del Beagle. Delfín Fitz Roy, 1987, carbonilla sobre tela, 200 x 200 cm

La idea del viaje exploratorio, del viaje de aventura hacia lo desconocido, puede observarse en varias de las obras expuestas en la Fundación Klemm: la serie de dibujos de Luis Fernando Benedit dedicada a la nave Beagle y la expedición Fitz Roy (1831-1836), así como la presencia de Darwin y de tres yaganes –Jemmy Button, Fueguia Basket y Tork Minster– que Fitz Roy llevó a Gran Bretaña en una expedición anterior, con la finalidad de “culturizarlos” y luego devolverlos “civilizados” a Ushuaia, aparecen en los dibujos de Benedit una y otra vez, con mirada crítica y persistente. Hay una instalación, 13 retratos fueguinos (de 1987-1994), en la que los dibujos retratan a Jemmy, Fueguia y Tork desde ángulos diferentes, con borrones, manchones y desapariciones de parte de sus rostros. El complejo nodo de cuestiones acerca de los viajes de descubrimientos de los “salvajes naturales”, la mirada colonizadora, la gigantesca e imponente naturaleza geográfica, fundan estas obras de Benedit.Los viajes de Guinzburg y los señalamientos que realiza en cada uno de ellos, siguiendo la escuela, el estilo de Edgardo Vigo (ambos eran platenses) dan cuenta de una posición estética político-conceptual. El uso de la parodia problematiza la idea de “viaje turístico”. En la serie Voyages (1972-1982) el artista se mimetiza con el turista, para señalar hábitos de consumo de espacios, tiempos y lugares ridículos, que a veces devienen prácticas etnocéntricas y racistas, clasistas, realizadas sin tomar conciencia de ello. La fotografía y el retrato ocupan aquí un rol satírico-crítico fundamental. En la sección Equivalence Guinzburg sostiene: “El viaje ha muerto”/ “No viajaré aquí”: es el artista antropólogo estableciendo preguntas.

Matilde Marín. La torre de Ushuaia, Proyecto Pharus.

Las imágenes de faros del fin del mundo de Matilde Marín –enmarcadas dentro de un límite circular, realizadas en blanco y negro– dan idea de la nostalgia, la melancolía que algunos viajes (extensos, lejanos) pueden generar. Parte del Proyecto Pharus, Marín destaca en él el viaje a Ítaca sobre el que escribió el poeta griego Constantino Cavafis: “Cuando emprendas tu viaje a Ítaca/ pide que el camino sea largo,/ lleno de aventuras, lleno de experiencias (…) Ten siempre a Ítaca en tu mente./ Llegar allí es tu destino./ Mas no apresures nunca el viaje./ Mejor que dure muchos años/ y atracar, viejo ya, en la isla,/enriquecido de cuanto ganaste en el camino/ sin aguantar a que Ítaca te enriquezca”.La Ítaca de Marín es la misma para cada uno de los artistas que participan de la muestra: es la búsqueda.El Colectivo Estrella de Oriente –formado por Daniel Santoro, Juan Cedrón, Marcelo Céspedes, Pedro Roth y Juan Carlos Capurro– creó la obra “La Ballena va llena”, una nave que da refugio a los inmigrantes sostenida a partir del pedido a instituciones de arte contemporáneo. Es una delicada maqueta, un objeto delicioso y divertido.El trabajo de Schianchi es virtual. Debe escanearse un código de barras para poder observar, a través de la pantalla del celular, ese límite de la pampa donde se trazó la primera frontera.Pero son las carbonillas –papel y cabrón, simple recurso– de Gallardo las que nos indican cuánto de emocional, de autobiográfico, puede llegar a involucrar un viaje. Los dibujos –pequeños, medianos, inmensos– narran el viaje que la artista y su hermana realizaron a México para depositar allí las cenizas de su madre. Los dibujos de la serie Boceto para la construcción de un paisaje – La laguna de Zempoala (1965-2010), tratan sobre la finitud y el descanso. Inspirados en los Nenúfares de Monet, los trazos son abiertos, y las luces y sombras no delimitan un paisaje sino que lo abren. “Descansa en paz. La vida es perfecta. Regreso llena de emoción y de tranquilidad”. Fin del primer término del viaje, un exploratorio interior.Los artistas y los viajes.Lugar: Fundación Federico Jorge Klemm, Marcelo T. de Alvear 626. Fecha: hasta fin de octubre. Horario: lunes a viernes, 11 a 20.Entrada: gratis.

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