Variaciones sobre la vida de las canciones

“Estamos hechos de citas”, escribía (Ricardo) Piglia. Pues bien: también estamos hechos de canciones porque cada canción, cada uso de una canción configura un signo de un lenguaje emocional que se acumula en la historia de los sujetos” afirma Pablo Semán, Doctor en Antropología Social, en el prólogo de este libro y resume su espíritu. En Las mil y una vida de las canciones (Gourmet Musical Ediciones), esta serie de ensayos críticos, compilados por Martín Liut y Abel Gilbert, se analizan canciones argentinas que recorren el período comprendido entre 1908 y 1998. Esas nueve décadas emergen como el contexto que enriquece y problematiza el sentido de estas melodías propias de géneros diversos (como el tango, el folclore o el rock) en el sentido que plantea el etnomusicólogo peruano Julio Mendivil: las canciones son “asuntos sociales, procesos de negociaciones intersubjetivos que involucran a diversos actores (…) y que se renuevan constantemente (…), se mueven en rizomáticos vaivenes, ya sea en la interpretación o en la escucha”. La trashumancia es la columna vertebral de esta obra que se propone forjar una cartografía, caprichosa pero certera, de la música popular argentina.Dijo el cantautor canadiense Leonard Cohen en 1993 durante una entrevista al Philadelphia Inquirer que, cuando uno compone, “llegas a un sitio donde no habías estado a lo largo de cualquier otro proceso. No abarca un eslogan; incluso trasciendes tus propias políticas. Quemas versiones de ti mismo, tu coraje y tu modestia hasta que llegas a algo irreductible, a ese tipo del último lugar en la cadena alimenticia gritando: ‘Ahora van a oír lo que tengo para decir’”. Este libro traza un análisis integral que apunta a indagar sobre esa dimensión misteriosa y sensual que describe Cohen. Surgió como proyecto del área de música de la Universidad Nacional de Quilmes bajo el nombre “Territorios de la Música Contemporánea Argentina”, y se inserta en la etnomusicología que plantea analizar a la música no como un producto aislado sino en su contexto. Es por ello que, por ejemplo, Norberto Cambiasso profundiza sobre la influencia que tuvo el “Concierto para piano N° 1” de Alberto Ginastera (1961) en la obra de Keith Emerson (pianista y miembro fundador de la banda Emerson, Lake & Palmer) y el rock progresivo. O Tomás Mariani analiza las derivas que tuvo “No me arrepiento de este amor” (1994), de Gilda, desde su versión punk a cargo de la banda Attaque 77 hasta su uso político en el balcón de la Casa Rosada durante la asunción de Mauricio Macri a la presidencia en 2015.

Gilda murió en 1996 en un accidente automovilístico.

Los textos son transdisciplinarios e intertextuales; tal es el rigor que requiere la reflexión sobre la música. Es por ello que se intercalan datos históricos y biográficos de los autores de cada canción con referencias a la literatura o al cine, citas bibliográficas de sociólogos o musicólogos y observaciones agudas de los autores sobre la estructura musical de cada pieza. Tal es el caso de “Hay un niño en la calle” (1967), de Armando Tejada Gómez, cuyo análisis traza un paralelismo con “Niño proletario” (1969), cuento de Osvaldo Lamborghini, y con “Plegaria para un niño dormido” (1969), de Luis Alberto Spinetta. La versatilidad de géneros abarcados permite dimensionar la pluralidad de sonidos que pueblan la historia musical argentina: desde el tango “Cambalache”, de Enrique Santos Discépolo, analizado por Julián Delgado, el folclore “Quimey Neuquén”, de Marcelo Berbel y Milton Aguilar (1967), examinado por Cristian Accattoli y el reggae/punk/ska “Gente que no” (1986) de la banda Todos Tus Muertos, a cargo de Agustín Yannicelli.El libro funciona para problematizar el rol de la interpretación sobre una canción que, en términos de Semán, “por acción u omisión subvierten” a la canción. O, como supo decir Susan Sontag en su enorme ensayo Contra la interpretación, “La función de la crítica debiera consistir en mostrar cómo es lo que es, inclusive qué es lo que es y no en mostrar qué significa” ya que se correría el riesgo de clausurar, de modo abusivo, el sentido de una obra. En este caso, las canciones, pudiendo extrapolar esto a otros lenguajes artísticos, van modificando su significado histórico cultural a lo largo de los tiempos por medio de una disputa simbólica. Lo popular y lo masivo se hibridan. Allí radica su trashumancia dinámica y su multiplicidad de usos y reapropiaciones que cada uno de estos ensayos se encarga de dilucidar. Porque, jugando a alterar una popular letra de Led Zeppelin, la canción nunca es la misma.

Fuente

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *