“Una noche en el paraíso”: un tratado sobre cómo socavar la felicidad encontrada

A primera vista, el fenómeno de Lucia Berlin podría ser difícil de entender. Poco conocida durante una carrera en la que publicó ocho libros, su primera colección póstuma, Manual para mujeres de limpieza (bastante póstuma: fue publicada once años después de su muerte) fue un éxito en inglés y pronto en otras lenguas, encontrando públicos nuevos y fervientes, particularmente en el mundo hispanoparlante. En efecto, si estuviera viva, Berlin sería una estrella global.Se han sugerido varias explicaciones para la discrepancia entre el olvido del siglo XX y el boom de la segunda década del XXI: la misoginia del mundo literario, sus temas domésticos (y por ende no “serios”), su alcoholismo, su mala suerte, su producción irregular.Todas estas razones tendrán su mérito pero parece que la más convincente es, como siempre nos ha dicho Ockham, la más sencilla: Berlin escribía cuentos y siempre ha sido muy difícil hacerse un nombre en el mundo literario sin tener por lo menos una novela a cuestas.Entonces, ¿qué ha cambiado? Por una parte, nuestros gustos. Si todavía la novela es el formato principal del mercado de narrativa, muchos lectores están más dispuestos a leer (y los jurados a premiar) otras cosas: no solo cuentos sino también textos que eluden la clasificación fácil, que juegan con los géneros, que no tienen miedo a la brevedad.También la estrategia de los editores de Manual para mujeres de limpieza (viejos y fieles amigos de Berlin) fue inteligente: escogieron cuentos que, además de su innegable calidad literaria, en el conjunto arman una continuidad novelística. La mayoría está escrito en primera persona con personajes recurrentes. Los presenta un prólogo de Lydia Davis (amiga de Berlin), que llegó a la fama recientemente después de una larga carrera escribiendo cuentos idiosincráticos y autobiográficos. Se puede decir que la estrategia funcionó.

Albuquerque, Nuevo México, 1958. Lucia y Mark, su primogénito. ©Literary state of Lucia Berlin LP.

Una noche en el paraíso, la segunda colección póstuma de Berlin, es más diversa que Manual… Más cuentos están contados en tercera persona y los escenarios son más variados. Dicho esto, algunos de los personajes que conocimos en Manual… –por ejemplo, la familia tejana de una disfuncionalidad espectacular, las amigas de la alta clase chilena o varios de los maridos y novios egoístas y tristemente irresponsables– están de regreso. Y, por supuesto, está el personaje central cuyas experiencias parecen ser muy similares a las de la misma Berlin.Los elementos autobiográficos de las ficciones de Berlin han llevado a varios críticos a declararla una exponente de la autoficción, muy de moda hoy en día, pero con ese criterio se podría describir el 90% de la literatura mundial, de La guerra y la paz a Rayuela.La verdad es que una escritura como la de Berlin expone las limitaciones de la autoficción; se mueve más libremente con los hechos y eso solo la vuelve sencillamente mejor. Como dice su hijo Mark Berlin, Lucia Berlin escribió cuentos verdaderos pero no necesariamente autobiográficos.Tampoco debería sorprendernos que Berlin haya usado sus propias experiencias en sus ficciones: ¡su vida fue extraordinaria! De una niñez en un precario campamento minero, a una adolescencia aristocrática en Chile, a la bohemia indigente en compañía de esos maridos poco confiables (se casó tres veces), a la lucha por la supervivencia como madre soltera y alcohólica… hubiera sido raro que nada de eso hubiese aparecido en su arte.Todo esto también le dio la oportunidad de ejercer su mejor talento literario: su capacidad de evocar una poderosa atmósfera en pocas palabras. Con una frase corta, o hasta una sola palabra (véase el “Cierto.” en el cuento “Andado: un romance gótico”), Berlin es capaz de golpear al lector con una dosis apabullante de una distintiva mezcla de melancolía, empatía y humor atribulado.Es una técnica (en ningún momento deberíamos olvidar que Berlin fue principalmente una escritora consumada) que puede verse en Welcome Home, una colección de cartas y textos dispersos de la autora. Por ejemplo, en la lista titulada ‘El problema con todas las casas en que he vivido’ se pueden leer líneas como esta: “Juneau, Alaska: avalancha el día en que nací, destruyó un tercio del pueblo”, o “El Paso, Texas: cucarachas, pasaje oscuro, tres borrachos malos. Sequía. Inundación.”Como se ve, Berlin no tuvo mucho trato con el paraíso, aunque al principio varios de los lugares de esta lista aparentaban serlo. De hecho, se podría describir su prosa, un poco como la de Silvina Ocampo, como un largo tratado sobre las distintas maneras en que la felicidad encontrada puede ser socavada: por circunstancias ajenas pero más frecuentemente por nuestros propios deseos, impulsos y necesidades.El paraíso de un cuento, por ejemplo, es Puerto Vallarta, un destino turístico mexicano visto a través de un bartender trabajador y concienzudo durante el rodaje de La noche de la iguana: aparecen Richard Burton, Elizabeth Taylor, John Huston y un séquito de personajes bohemios, criminales y borrachos que pronto pintan todo de un color más diabólico que paradisíaco.O la isla tropical de “La Barca de la Ilusión”, que suena como un lugar ideal para criar hijos si uno no tuviera que barrer el piso por los alacranes todas las mañanas, o lidiar con la visita de un narco de poca monta buscando reavivar la adicción de su marido. Efectivamente, nos parece decir Berlin, el paraíso puede ser una linda aspiración pero en la literatura, y posiblemente también en la vida misma, el infierno es mucho más interesante.

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