En rollers, a pie, a caballo y en bici: el mendocino que cruzó 4 veces la Cordillera

“La montaña siempre es una sorpresa, una conexión muy íntima con uno mismo. Hay mucho, muchísimo espacio y es imposible de abarcar, así que cuando abrís los brazos, lo único que podés abrazar es un poquito de vos. Es como una depuración en la que todo se filtra y las cosas tontas se van; ni siquiera te acordás. Y te va quedando lo importante de la vida; los hijos, la familia, los amores”.

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Nino Masi habla de la montaña y se emociona. Porque la conoce mucho, la ama con el alma. Claro, mucha gente ama la montaña, pero pocos cruzaron la Cordillera de los Andes cuatro veces, como lo hizo Nino: una en rollers, la otra a pie, otra a caballo y la última, recién nomás, en bici.

El cruce a caballo en 2015, con una propuesta gourmet y guiando a turistas.

El primer cruce fue en 1999. Se calzó los rollers en el km 0 de la ciudad de Mendoza y llegó a Reñaca, a orillas del océano Pacífico: 427 km en tres días.

Nino y Amo cruzaron a Chile en 2009.

Diez años después, en 2009, partió a pie con su perro, Amo, desde el Manzano Histórico de Tunuyán, en el Valle de Uco, y llegó -llegaron- al cerro San Cristóbal, en el centro de Santiago de Chile: 192 km en 11 días.

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“En esta zona la Cordillera tiene un doble cordón montañoso, así que esa vez salimos del Manzano, a 1.700 metros sobre el nivel del mar; trepamos hasta 4.300 msnm, luego descendimos a Real de la Cruz, a 2.800 metros, en un valle entre los dos cordones; cruzamos el río Tunuyán, atados entre nosotros con una soga, y luego llegamos al paso Portillo de Piuqenes, a 4.030 metros. De allí comenzamos a descender, llegamos a San Gabriel, y pasamos dos noches más durmiendo en la falda de la montaña del lado chileno, hasta llegar al centro de Santiago”, cuenta Nino.

El cruce a caballo incluyó platos gourmet, masajes y clases de yoga en la montaña.

La tercera fue a caballo, en 2015: 64 km en cuatro días y tres noches. Fue un “cruce gourmet”, de lujo, junto a la chef Mariana Pages Palanque y el enólogo de la bodega Trivento, guiando a turistas en la experiencia “Cumbres Gourmet”, que incluyó masajes, clases de yoga, platos con trufas, centollas, truchas, cordero, y degustaciones de vino en medio de la cordillera. “Cuando llegamos al límite nos esperaban caballos chilenos, porque los caballos no pueden cruzar, y dormimos en carpa excepto la última noche, que pasamos en un hotel en San Alfonso”, recuerda.

Sus hijos, Pedro y Astor, lo despidieron en el Manzano Histórico.

Y del último viaje acaba de volver: en enero de 2019 cruzó en bici, solo. “Salí nuevamente del Manzano Histórico y llegué a San Gabriel, cruzando las ‘dos cordilleras’. Fueron 130 km en 4 días y 3 noches”, dice este mendocino que desde Tunuyán, con su empresa El Viejo Manzano, guía a turistas en cabalgatas, 4×4, pesca con mosca, degustaciones en bodegas, entre otras actividades. Todo en la montaña, claro. ¿En qué otro lugar podría ser?

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El cuarto cruce fue en bici.

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