El caso del obispo argentino acusado de abusos pone en aprietos al Papa

El Papa argentino regresa este lunes de las Jornadas Mundiales de la Juventud en Panamá, que ha servido de paréntesis al dominio hegemónico de la escena en el Vaticano de la peor crisis del pontificado de Jorge Bergoglio: los abusos sexuales de curas y religiosos a niños y adolescentes. Un escándalo agravado “ad infinitum” por las protecciones cómplices, por parte de los superiores de los culpables: entre ellos una buena parte de los cinco mil obispos de la Iglesia. Para poner la situación bajo control Francisco ha convocado un cumbre de los presidentes de las Conferencias Episcopales, más jefes de las órdenes religiosas y altos prelados del Vaticano, a fin de fijar “objetivos concretos”. El gran problema es la creciente conspiración urdida por los ultraconservadores, que luchan para desalojar de su cátedra al obipo de Roma. El cardenal alemán Walter Kasper, muy cercano a Bergoglio, declaró hace unos días, con gran alarma, que los conspiradores quieren hundir al actual pontífice y hacer “un nuevo Cónclave”, utilizando la crisis por los abusos sexuales para pedir la elección de un nuevo Papa y amenazar abiertamente con un cisma. Una fuente dijo a Clarín que se piensa en un grupo de cardenales que pidan una audiencia y planteen en forma agresiva la cuestión.

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Otros conjurados afirman que la cumbre del Papa con los presidentes de las Conferencias Episcopales, a fines de febrero, será una ocasión mayúscula para confrontarlo y ponerlo en apuros. Pero hay un serio inconveniente para acelerar los planes: los conspiradores no pueden promover el desastre de una Iglesia que tendría tres papas. El nuevo elegido y dos eméritos, Francisco y Benedicto XVI, el alemán Joseph Ratzinger, de 91 años y salud frágil. Hay que esperar. Pero muchos quieren actuar ya. Nadie en la Iglesia puede pedirle la renuncia al Papa y lo más probable es que Jorge Bergoglio responda ejercitando su poder disciplinario absoluto si algunos se atreven al máximo desafío a su autoridad. La crisis devastadora por los abusos sexuales de los curas resulta un pretexto óptimo para el gran complot, radicado sobre todo en Estados Unidos y el Vaticano, que en realidad tiene otras razones de fondo contra el pontificado de Francisco. Lo consideran un anticapitalista, en el mejor de los casos un “populista sudamericano” y en el peor un “comunista” herético, que promueve la lucha por la Iglesia pobre y de los pobres, en favor de los descartados por la sociedad sofocada por un capitalismo implacable, que agudiza las desigualdades sociales con un crecimiento impresionante de la pobreza en el mundo.

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El Vaticano insiste en que no hubo denuncias de abuso sexual contra el obispo argentino Gustavo Zanchetta

En un clima cada vez más dominado por la hostilidad, ha caído como una bomba el caso del obispo argentino Gustavo Zanchetta, de 54 años, que crea nuevas dificultades al Papa. Zanchetta está bajo una “investigación preliminar”, acusado de abusos sexuales a seminaristas cuando era obispo de Orán en Salta. El viernes 4 de este mes, el portavoz pontificio informó del caso, afirmando que el Vaticano se enteró recién en diciembre último de las acusaciones contra Zanchetta, que el Papa había nombrado a fines de 2017 asesor en el Vaticano de la APSA, la caja fuerte inmobiliaria del Vaticano, que administra cinco mil propiedades inmobiliarias en Roma. Zanchetta ha sido un protegido de Bergoglio, que lo nombró obispo en 2013, poco después de ser elegido Papa, y lo mandó a la diócesis de Orán. Ya entonces hubo oposición, sobre todo en Quilmes, la diócesis de monseñor Zanchetta. Su renuncia, el 29 de julio de 2017 fue imprevista. El obispo de Orán se fue “por motivos de salud” sin dar más explicaciones ni despedirse de nadie. El Papa, otro hecho poco habitual, le aceptó la dimisión en tres días. Viajó a Corrientes y después a España, curado completamente de sus males físicos, mientras en Salta circulaban versiones que lo acusaban de comportamientos sexuales “non sanctos”.

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Escándalo en Orán: afirman que su obispo fue desplazado por denuncias de abuso sexual y de poder

El Papa, también imprevistamente lo nombró para el cargo, hasta entonces inexistente, de asesor de APSA, a fines de 2017. Esta decisión llamó la atención y produjo “murmurationes” (rumores) en el Vaticano. El servicio Vatican Insider, del diario  La Stampa, publicó un artículo del periodista argentino Andrés Beltramo Alvarez, que trabaja en ese sitio, el más importante de informaciones vaticanas.“El caso es extraño”, afirmo Beltramo, que contó los detalles de la historia y refirió que Zanchetta se había instalado, aunque “se desconoce cuales son sus funciones”, como huésped en la residencia de Santa Marta, “la Casa del Papa en el Vaticano”. Hay que destacar que el sitio Vatican Insider es muy especial. Ha defendido siempre el pontificado de Francisco y su responsable, Andrea Tornielli, fue nombrado a fin de año por Bergoglio encargado de fijar la línea editorial del dicasterio de las Comunicaciones. Una tarea crucial para bajar línea a los medios vaticanos e influir sobre la prensa en este momento de crisis. Una semana atrás, la agencia noticiosa norteamericana Associated Press difundió una entrevista al ex vicario general de la diocesis de Orán, padre Juan José Manzano, uno de los tres curas que según informó el diario de Salta El Tribuno habían hecho llegar informaciones y fotografías al Vaticano a través de “obispos amigos” en 2015, sobre la conducta sexual del obispo Zanchetta. Manzano dijo a la AP que remitieron fotos en el que monseñor aparecía desnudo “en actitudes obscenas o fuera de lugar”. “Fue una primera alerta”, dijo el ex vicario. En 2017 “la cosa estaba mucho más grave”, refirió Manzano y se envió información a la nunciatura apostólica de la Santa Sede en Buenos Aires. La explosión del caso en el Vaticano, con el Papa prácticamente sospechoso de encubrir al obispo abusador, fue contrarrestado de inmediato por el portavoz interino de Francisco, Alessandro Gissotti, quien negó las denuncias de Manzano en la entrevista a la agencia AP. Gissotti reiteró que el Vaticano no tenía ningún conocimiento de conductas inapropiadas del obispo antes de las acusaciones difundidas en diciembre pasado, que motivaron de inmediato la “investigación preliminar” y la decisión del Papa de suspender como asesor de la administración vaticana a monseñor Zanchetta.Cuando concluyan los preliminares, que investiga la diócesis de Salta, el caso pasará a la Congregación de los Obispos y a la Doctrina de la Fe, el dicasterio que tiene a su cargo los procesos a los obispos en casos como el de Zanchetta.¿Francisco es blando con los homosexuales? La batalla subterránea de la utraderecha contra el Papa, que busca información con sus enormes recursos sobre el caso Zanchetta, está centrada ahora en atacar a Francisco por mantener una actitud supuestamente “blanda” en otra cuestión que los del complot quieren explotar a fondo: la homosexualiad en la Iglesia.

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El Papa Francisco llega a Panamá en medio de una Centroamérica convulsionada

Nadie ignora que es “vox populi” la difusión secular de la homosexualidad tras los muros vaticanos y en la Iglesia. Pero los conspiradores han encontrado un arma especial: el resonante caso del cardenal Theodore McCarrick, de 91 años, ex arzobispo de Washington y personaje de primera del episcopado norteamericano. El Papa destituyó a McCarrick como purpurado y muy pronto, cuando esté lista la sentencia del dicasterio de la Doctrina de la Fe, lo reducirá al estado laico, en práctica lo echará de la Iglesia. Los ultraconservadores que mantuvieron durante decenios en la cima a McCarrick sostienen ahora que el Papa argentino lo tuvo de consejero y demoró los tiempos de la investigación. Pero Francisco lo castigó apenas se supo que era acusado de haber abusado de un menor. Lo que interesa a las derechas eclesiásticas es, en realidad, la homosexualidad conocida por todos del cardenal norteamericano, ejercitada durante decenios con seminaristas y curas jóvenes. Bergoglio señaló al “clericalismo” como una enfermedad de poder que cultivan los abusadores. Sus enemigos afirman que descuida el factor de la homosexualidad, presente en un gran porcentaje de los curas pedófilos. No todos los curas gay son abusadores, pero la componente homosexual está presente sobre todo en los abusos clericales de adolescentes varones: “En un 80% de los casos”, sostiene el cardenal Geharad Mueller, que en julio de 2017 no fue reconfirmado por Francisco como prefecto para la Doctrina de la Fe.  Es famosa la frase del Papa: “¿Que derecho tengo yo a juzgarlo?”, en referencia a un homosexual. Aquella posición, representaba un neto progreso en la tradicional posición de la Iglesia. Pero la hostillidad de los tradicionalistas obligó a Bergoglio a usar el freno de mano. Varias veces, el año pasado, Francisco apretó las clavijas contra los sacerdotes homosexuales y ordenó vigilancia en los seminarios con “tolerancia cero” hacia los gay.

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Mientras estas polémicas se intensifican, otra bomba se apresta a estallar. El 21 de febrero, justo cuando comienza en el Vaticano la cumbre de los presidentes de las conferencias episcopales del mundo con el Papa, en ocho idiomas será presentado en varias partes del planeta un libro titulado: “Sodoma, poder y escándalo en el Vaticano”, del sociologo francés Frederic Martel. Grandes editoriales están detrás del negocio, que debería ser el batacazo librero de 2019. En Italia lo edita Feltrinelli. La narración de Martel pone la cuestión central de la presunta homosexualidad de numerosos hombres de Iglesia en importantes posiciones de poder en el Vaticano. El libro tendría muchos nombres específicos y entrevistas.El autor sostiene que su propósito es ilustrar a fondo un sistema de poder progresivamente engangrenado desde los tiempos de Pablo VI. Una parte fundamental del libro está dedicada a la pedofilia clerical.Vaticano, corresponsal.

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