¿Qué es mejor para las tribus aisladas?

Por JEFFREY GETTLEMANA mediados de noviembre, un joven estadounidense emprendió una misión fatídica a la isla Sentinel del Norte, un puntito en la Bahía de Bengala y hogar de, quizás, el pueblo más aislado del planeta —los más o menos 50 de ellos.Desde que era niño, John Chau, un misionero evangélico con un caso agudo de espíritu viajero, soñaba con difundir el cristianismo a la gente de Sentinel del Norte.

Un miembro de la tribu apunta una flecha a un helicóptero de la Guardia Costera que sobrevuela la isla tras un tsunami en 2004 (Agence France-Presse — Getty Images).

Situada a gran distancia de la costa de India en la cadena de las Islas Andamán, Sentinel del Norte tiene el tamaño aproximado de Manhattan. Los habitantes ahí son cazadores y recolectores. Siguen un estilo de vida de decenas de miles de años de antigüedad. Nadie de fuera conoce su idioma. Han atacado a casi todo aquel que intenta poner pie en su costa, apareciendo prácticamente desnudos y disparando flechas. Luego se retiran de la playa y desaparecen entre el bosque. Muchos nos maravillamos de que exista un lugar así en el siglo XXI.Pero la muerte ampliamente reportada de Chau sacó a esta isla del anonimato y planteó algunos interrogantes morales fundamentales. ¿Cómo debemos interactuar con estos grupos tan frágiles? ¿Es mejor intentar evitar que cualquiera interactúe con los isleños? ¿O es eso paternalista, al negarles las cosas que prácticamente el mundo entero ha aceptado que quiere, como educación y atención médica?Chau, de 26 años, llegó con regalos en mano (tijeras, seguros, una pelota de fútbol), y los isleños lo mataron. Lo que Chau hizo era ilegal. El gobierno indio prohíbe el contacto, al considerar a los isleños un “tesoro humano ultrasensible”. Quizás eso sea paternalista; quizá tenga solidez moral.Anvita Abbi, profesora de lingüística con conocimiento de Sentinel del Norte, dijo que los isleños tienen el derecho de defender su territorio. Dijo que no es diferente a las leyes de legítima defensa en Estados Unidos que permiten que la gente dispare a intrusos.“Esta gente nos ha estado diciendo con claridad que por favor no se les acerquen. ‘No queremos conocerlos’. Y no obstante, seguimos irrumpiendo en sus áreas, molestándolos, y eso crea el riesgo de incluso la muerte de la tribu”, dijo. Debido a su aislamiento, señaló, los isleños no tienen inmunidad a infecciones del mundo real. Dijo que Chau puso a esta gente en peligro.John Bodley, antropólogo en la Universidad Estatal de Wa­shington, coincide con ella. “La gente externa necesita respetar sus deseos y tratarlos con dignidad como sus prójimos”, dijo. “El respeto significa no suponer que nosotros sabemos mejor cómo es que deberían vivir”.Pero ¿puede la gente externa a la isla suponer que no quieren contacto sin comunicarse con ellos? Kim Hill, un antropólogo en la Universidad Estatal de Arizona, dijo que es “imprudente e inhumano mantener a estos grupos aislados a la fuerza al desarrollar barreras protectoras a su alrededor”.Para empezar, si una población se vuelve demasiado pequeña y aislada, es probable que se extinga. El contacto podría ser peligroso, pero también lo es la falta de contacto. En segundo lugar, algún tipo de encuentro con alguien externo es inevitable, dijo Hill, y “el contacto accidental es un desastre a la espera de suceder”. Sentinel del Norte está aislada, pero está a sólo unos 50 kilómetros de Port Blair, la creciente capital de la región.La solución de Hill es aprender qué quieren los isleños para que puedan tomar decisiones sobre su futuro.Sin embargo, ¿cómo se inicia un diálogo con un grupo de gente que te recibe con un arco listo para disparar? Vishvajit Pandya es un antropólogo indio que realizó tres viajes a Sentinel del Norte. En 1998, acompañó a un equipo del gobierno que le presentó a los isleños bolsas de cocos. Los isleños las aceptaron sin lastimar a nadie, aunque luego hicieron gestos obscenos.“Se requiere cierta cantidad de valentía y esfuerzo mental”, dijo Pandya acerca del siguiente paso. “Tiene que comenzar con entregar regalos, años de entregar regalos, luego el idioma tiene que ser aprendido a través de esta entrega de regalos. Tienes que hacer un esfuerzo para entablar un diálogo. No es fácil, pero todo el mundo tiene derecho a pensar en su futuro, ese es el primer derecho, el derecho a tener derechos”.Cuando se le preguntó si la isla era hermosa —las pocas fotografías que he visto muestran playas blancas y mares de color azul intenso— estalló: “No, es asquerosa. Dígale a la gente que no vaya”. Luego rió. “De hecho es un paisaje muy interesante”, dijo Pandya. “Los vientos son tan fuertes que los árboles crecen al estilo de un peinado Mohawk, todos de la misma altura.“Es un lugar hermoso”, añadió. “Pero por favor, no vayan”.© 2018 The New York Times

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