La estatización de YPF, una pieza clave del Lava Jato K

Petersen Energía y Petersen Inversora, las dos empresas creadas por Enrique Eskenazi y sus hijos para adquirir el 25% de YPF en 2008 sin poner un peso propio, reclaman una indemnización de US$ 3.000 millones en un tribunal de Nueva York. Insólito pero real.Los abogados de YPF y el Estado argentino están trabajando frenéticamente para evitar que el país tenga que pagar otra indemnización millonaria por la expropiación de la petrolera. Para dimensionar lo que significa esta cifra, permítaseme una comparación.

El empresario argentino Enrique Eskenazi (Archivo).

El mayor proyecto científico de las últimas décadas, el Proyecto del Genoma Humano que cambió el rumbo de la ciencia y la medicina mundial, le costó a Estados Unidos y un consorcio internacional US$ 3.000 millones.

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La semana pasada el Gobierno argentino solicitó a la Cámara de Apelaciones de Nueva York que revise la decisión de juzgar el caso YPF en su jurisdicción. Sus abogados entienden que la expropiación fue “un acto soberano y no un acto comercial”, por lo que el juicio debería llevarse a cabo en Buenos Aires.Además, están dispuestos a demostrar que la compra del 25% de YPF por Enrique Eskenazi y sus hijos en 2008 fue una operación fraudulenta; por lo que ni ellos, ni el fondo Burford Capital, que compró el 70% de la quiebra de Petersen Energía y Petersen Inversora, en 2014, deben ser indemnizados.El argumento de los representantes legales será que estamos frente a un caso de corrupción que debe juzgarse en Argentina y no frente a una operación comercial normal.

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Es una gran noticia que la justicia argentina esté investigando la gigantesca defraudación contra el Estado nacional orquestada por Néstor y Cristina Kirchner en el sector energético.En Brasil estiman que el Lava Jato, el caso de lavado de dinero, sobornos y sobreprecios organizado en torno a Petrobras, asciende a unos US$ 10.000 millones. El juez Sergio Moro envió a la cárcel a 93 personas, entre ellas al ex presidente Lula da Silva, líderes de la oposición y decenas de empresarios, como Paulo Roberto Costa, director de Petrobras y Marcelo Odebrecht, heredero de la mayor compañía de obra pública de Brasil y América Latina.Personalmente creo que el Lava Jato argentino, el mecanismo de corrupción montado alrededor de YPF y las empresas de energía durante la era Kirchner, es varias veces superior al caso brasileño.

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Algunas cifras para entender de qué estamos hablando. Las continuas transferencias de dinero a las empresas de gas y electricidad para cubrir los subsidios a las tarifas sumaron US$ 66.000 millones sólo entre 2012 y 2015.Por su parte, las importaciones de energía desde 2010, cuando perdimos el autoabastecimiento, ascendieron a US$ 48.000 millones más. Este descomunal movimiento de dinero, que dependía de Julio de Vido y se hacía de manera discrecional, con licitaciones amañadas y sin auditorías, permitía suculentos sobornos.

El ex ministro de Planificación Julio De Vido y la entonces presidenta argentina Cristina Kirchner, en un evento de 2012 en el que se anunciaron nuevas inversiones para YPF (AP).

El traslado permanente de millones de dólares en bolsos desde empresas privadas a la Casa Rosada, el Ministerio de Planificación, la Jefatura de Gabinete, la Quinta de Olivos, la Rosadita y el departamento particular del matrimonio Kirchner que se investiga demuestra el “mecanismo” ideado por Néstor y continuado por Cristina para apropiarse de los fenomenales “retornos”.Cuando llegaron los Kirchner al gobierno, Argentina era un país con energía abundante. En el año 2006 todavía tuvimos un superávit récord de US$ 6.000 millones, entre importaciones y exportaciones de energía. Pero la masiva corrupción dejó un sector devastado, con importaciones que llegaron a U$11.000 millones al año.La argentinización de YPF es otro capítulo aparte. Con la excusa de que era imprescindible incorporar un socio argentino a la compañía para “defender el interés nacional”, el ex presidente Néstor Kirchner forzó la entrada de su amigo (y seguramente socio) Enrique Eskenazi a la petrolera. Eskenazi, contratista de obra pública, compró el Banco de Santa Cruz en los 90, cuando Kirchner lo privatizó como gobernador.

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El 21 de febrero de 2008, con Cristina en la Presidencia de la Nación, Repsol y la familia Eskenazi firmaron un acuerdo societario escandaloso, que debía aprobarse por la Secretaría de Comercio.El documento establecía que Enrique Eskenazi y sus hijos comprarían el 25% de YPF con un préstamo de US$ 3.600 millones otorgado por la propia Repsol y un consorcio de bancos internacionales. Para que Eskenazi pudiera devolver el préstamo sin desembolsar dinero propio, el acuerdo aclaraba que YPF distribuiría dividendos “atrasados” entre los accionistas, por US$ 850 millones, y que retirarían el 90% de las ganancias devengadas cada año. Así vaciaron las arcas de YPF. Cuando la producción llegó a su punto más bajo, en 2012, se activó la segunda fase de la estafa: la expropiación.Como senadora me negué a votar la estatización de YPF porque se trataba de un grosero encubrimiento. Años después conocí a Enrique Eskenazi: en la cola del supermercado en Uruguay. Delante mío, un viejito sacaba las cosas del carrito muy lentamente. Su esposa estaba sentada a su lado en una silla de ruedas eléctrica. Cuando terminó de pagar, me adelanté y me presenté. Pero él dijo… – Ah, yo admiraba mucho a su padre . – No le creo… si fuera así no hubiera saqueado YPF. Lo que hicieron le va a costar muchísimo al país.-Usted no entiende nada de comercio.En un segundo, el anciano frágil se transformó en un lince. Nunca vi ojos celestes más gélidos. Para él y los Kirchner todo era y es “comercio”.Tengo la esperanza de que por fin la Justicia argentina investigue a fondo los negociados que devastaron el sector energético con la complicidad de muchos empresarios privados.La llegada de Javier Iguacel al Ministerio de Energía me da optimismo. Como director de Vialidad denunció ante la Justicia, en 2016, las graves irregularidades en la obra pública de Santa Cruz y presentó las pruebas. Así terminaron procesados Cristina Kirchner, Julio De Vido, José López y Lázaro Báez. Tres de ellos ya están tras las rejas. Si se perfora este pozo negro, los presos serán muchísimos más.* María Eugenia Estenssoro es periodista y ex senadora nacional

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