Los dilemas del peronismo “sensible”

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y el líder del Frente Renovador Sergio Massa (NA)Hay un peronismo “sensible” que en estos días fatiga en silencio. Son los racionales, los lógicos, los del PJ federal, o como se quiera llamarlos. Los que se desmarcaron en tiempo y forma de Cristina Kirchner, y hoy juran y perjuran no querer tener más nada que ver con ella. Son los que supieron “colaborar” con el Gobierno y hoy dicen sentirse ninguneados, despreciados, dejados a la buena de Dios. Al menos es lo que expresan para explicar la distancia que los separa de los reclamos del oficialismo.No reniegan que hay que bajar el déficit recortando gastos en la política pero dicen no estar dispuestos a poner el gancho al ajuste convirtiéndose en socios en la pérdida sin participación en ganancia alguna. Sostienen que Mauricio Macri los necesita, pero a la vez sigue alimentando la tóxica vitalidad del kirchnerismo, aportando combustible a la locomotora del tren fantasma. El 2019 está cerca y perciben que, para la cosmovisión que el macrismo tiene del electorado, siempre es más fácil confrontar con los malos conocidos del pasado que con los buenos por conocer.No están pensando en boicotear el tratamiento del presupuesto, trabajan en aportar propuestas alternativas, con especial esmero buceando en los transparentes archivos del oficialismo que facilita la ley de acceso a la información, intentando detectar gastos superfluos para ofrendar al tijeretazo. Se detienen en viáticos, contratos de asesoramiento y consultorías. Sugieren no tocar en absoluto ciencia y tecnología, y no descartan proponer impuestos sobre las ganancias de grandes corporaciones o del sector financiero.Pero, por sobre todo, descreen que haya una firme voluntad del Gobierno en lograr la aprobación. Es más, varias voces consultadas coinciden en algo: Macri prefiere no obtener consenso y prorrogar el actual. Mataría dos pájaros de un tiro: podría moverse con más comodidad en la faena del ajuste y, a la vez, tendría un argumento para responsabilizar a la oposición de las dificultades del momento.Los gobernadores también rehúyen de la tarea de avalar una ley que podría privarlos de las transferencias no automáticas con las que afrontan gastos ya comprometidos. No quieren aprobar un presupuesto bajo presión del FMI. A su manera, el Presidente ya lo puso en palabras. Se curó en salud al decir que por el momento no ve posible un acuerdo con el PJ, ya que “falta un interlocutor válido que unifique todas las vertientes opositoras de raíz justicialista”.Desde la oposición “racional” sostienen que Macri nunca quiso compartir el poder y que eso terminó paralizando el Congreso. Argumentan que ellos tampoco disponen de un interlocutor para debatir futuro, entienden que hay que salir del ciclo del facilismo, pero que para lograrlo hay que repensar la estructura productiva e impositiva y que Cambiemos siempre esquivó esta conversación. Demasiado tarde para lágrimas.El escenario electoral se les viene encima y cada cual atiende su juego. La primera elección provincial está demasiado cerca: en diciembre ya se vota en Catamarca. Cada uno está viendo cómo se sitúa en el espacio que es imprescindible construir si se quiere seguir participando. Lo primero es recuperar el control del partido, para eso confían en que la Justicia habilite una nueva intervención colegiada, sin José Luis Gioja ni Luis Barrionuevo, en orden a normalizar.Entre los desilusionados del PRO y los nostálgicos del filo-kirchnerismo se proponen habilitar un atajo. Están absolutamente convencidos de que Cristina competirá en octubre del 19 y la quieren jugando afuera del PJ. También los anima la certeza de que la elección presidencial se definirá por ballotage. Se sienten urgidos a posicionarse en esa escena.El tiempo apremia. Trabajan preparando el “branding” del nuevo espacio. La presentación en sociedad no puede pasar de agosto, de la tercera semana para ser más precisos. Nada de actos ni cosas rimbombantes. Se trata de ir instalando la idea de una unidad posible.Los más intensos y entusiasmados dicen que el liderazgo se tiene que dirimir entre Sergio Massa, regresando al PJ, y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Si algún otro quiere subir al podio, que lo intente, pero va por ahí, es lo que hay. Confían en acortar diferencias y avanzar sobre un territorio que reconocen minado por la dificultad. La idea es abrir un lugar alternativo. La única opción no puede ser “entre la loca y los globos amarillos”, dramatizan.Se saben jaqueados por izquierda y por derecha, haciendo un delicado equilibrio entre lo necesario y lo conveniente, pero hacia allá van, acicateados por la adversidad.

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