La Defensa, más allá de papeles, leyes y decretos

Desde el regreso al orden constitucional, en 1983, la dirigencia política argentina ha desarrollado un plexo normativo amplio y detallado en el área de la defensa nacional y seguridad. Con grandes consensos parlamentarios, se votaron leyes relevantes en 1988, 1992, 1998 y 2001. Más recientemente, si bien ya hace 12 años, se emitió el decreto 727 que reglamenta la ley de defensa nacional. Este, también vía decreto, estaría en camino de ser reemplazado y adaptado a los estándares que tienen la mayoría de los países del mundo, entre ellos, nuestros vecinos de la región sudamericana. Incluyendo los autodenominados “bolivarianos”. Desde ya, sin caer en casos extremos como la abierta y activa intervención militar en la vida política y económica de Venezuela. Es llamativo, si bien comprensivo por la presencia de filtros ideológicos y dobles estándares, que algunos sectores políticos y académicos argentinos que son fóbicos a cualquier cosa que esté relacionada con las Fuerzas Armadas argentinas mantengan un ensordecedor silencio con lo que ocurre en este plano en el país caribeño.En las últimos meses se ha escuchado, desde sectores políticos e intelectuales opositores, o al menos no afines al Gobierno, un amplio conjunto de advertencias sobre lo que hace y o lo que querría hacer el oficialismo en materia de defensa y seguridad. Veamos algunas de ellas: “El Gobierno no informa, ¿esconde algo?”, “¿Cambiar la defensa por decreto es lo correcto?” (quizás olvidan que el anterior también era un decreto que no pasó por el Congreso) y “anteriores gobiernos no politizaron ni involucraron a los militares en inteligencia interior” (ni hace falta remarcar lo endeble de esa afirmación). También, que el Gobierno debilitaría la capacidad de disuasión contra enemigos estatales y que la Justicia militar ampararía abusos de los militares argentinos que violen otra vez los derechos humanos en las tareas que supuestamente les asignen. Parece que los que argumentan en este sentido no se han interiorizado con mucho de los cambios legales en esta materia en las últimas décadas.Desde ya, todo lo anterior lleva a estos sectores a alertar que este Gobierno desprofesionalizaría a los militares y que en el fondo Mauricio Macri desde siempre quiere a las Fuerzas Armadas en seguridad interior. Pero que no lo logra, por la resistencia de los radicales de Cambiemos, fuertes y activas ONG, y una sociedad civil alerta y participativa. ¿También asumen que los militares se preguntan para qué estos cambios? Desde ya no podía faltar el fantasma acerca de que, frente a un ajuste muy duro para el pueblo, estas reformas en el campo de la defensa apuntarían a enfrentar eventual malestar popular. Asimismo, se incluye el supuesto alineamiento de Macri con Estados Unidos, lo cual deriva, según ellos, en aplicar su agenda en lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Todo ello abriría la puerta al regreso de la hipótesis del enemigo interno.Frente a este torrente de críticas, alertas, advertencia, pseudoprofecías y pronósticos, ¿cómo debería reaccionar el Gobierno nacional? En primer lugar, asumir que ese cúmulo de normas y arquitectura legal que se ha venido haciendo desde 1983, si bien meritoria y suponemos que bien intencionada, se ha visto acompañada por más y más deterioro, y hasta el colapso de las capacidades disuasivas del país. En otras palabras, sus medios aéreos, navales y terrestres. En el barrio, sería algo así como “todo muy lindo en los papeles, pero en la cancha se ven los pingos”. En otras palabras, un debate desconectado de la realidad cotidiana en lo material y en lo anímico de las Fuerzas Armadas. Sin duda, uno de los escasos sectores sociales de la Argentina que en los últimos casi treinta años no ha movido un dedo para provocar inestabilidad institucional y fragotes. Reflejado, en sus ediciones más recientes, en el reparto de helicópteros de juguete en actos públicos.La fascinación de algunos sectores por el “cuanto peor, mejor” o incendios fundacionales. El problema es que esos grupos de nuestra dirigencia han demostrado ser eficientes piromaníacos, pero muy malos bomberos. ¿Qué más debería hacer el actual Gobierno? Tener muy en claro cuáles de esos cuestionamientos son bien intencionados y constructivos, y cuáles están motivados por la lógica destructiva y agonal previamente mencionada. Por ende, dotadas de altos niveles de cinismo, hipocresía y escandalosos en dobles estándares. Para el primer grupo, el camino es escuchar, explicar y debatir. Para los otros, la ironía y el sarcasmo alcanzan.Recuerdo un colega centroamericano que, al momento de responder una pregunta referida a cuál era la frontera precisa entre la defensa y la seguridad interior, se limitó a decir: “Depende del calibre de las armas y de la doctrina de combate de los actores que desafían al Estado”. Si estos están dotados de fusiles de asalto, granadas, ametralladoras, camionetas blindadas, sofisticados equipos de comunicación, miras térmicas, etcétera, difícilmente sea un tema policial. Así, como si la intención dista de ser un hecho delictivo que busca el lucro, sino que tienen como norte tomar el poder o condicionar las decisiones legítimamente elegidas por el pueblo, seguramente dejará de ser también un evento policíaco.Finalmente, y no por ello menos importante, asumir que la dirigencia argentina, tanto el oficialismo como los sectores de oposición con sentido de responsabilidad republicana, se deben un ejercicio básico y fundamental. Pensar y poner en blanco sobre negro cuáles son los intereses nacionales vitales y de largo plazo de la Argentina. Solo a partir de allí y no exclusivamente tratando de pensar la defensa nacional a partir de las amenazas más o menos de moda en debate académico y político, ni con la mirada puesta en un espejo retrovisor de 40 años atrás, se podrá dar un salto cualitativo, realista y con consensos básicos y profundos. Que vayan más allá de los papeles y los grandes rótulos.

Fuente

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *