José Antonio Abreu: la música como modo de existencia

José Antonio Abreu, una suerte de héroe musical de Venezuela, murió el sábado 24 en Caracas, a los 78 años. De Abreu podría volver a decirse aquello de que nada de lo humano le fue ajeno. Fue músico, compositor, director de orquesta, economista, diputado por el Frente Nacional Democrático en 1963, Ministro de Cultura en la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez. En 1975 fundó y dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela e ideó su gran proyecto, el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que comenzó a funcionar en 1976.Eso era en la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez (no son pocos lo que, por simple desinformación o por cierta confusión ideológica a la que induce su misma denominación, piensan que el “Sistema” comenzó con Hugo Chávez). Abreu tuvo todo el apoyo del gobierno de Pérez, que apostó fuerte a la educación; pero, aun con todo el oro del mundo (el oro negro del petróleo, en este caso), pocos habrían tenido la visión de Abreu y su convicción de que Mozart y Beethoven podían atravesar todos los estratos sociales y convertirse en el centro mismo de la existencia, y de que la práctica orquestal era lo más parecido a un mundo ideal.El Sistema estableció sus bases en las zonas rurales y carenciadas de Venezuela. Abreu tenía la idea, no por espiritual menos realista, de que un pobre en cierta forma dejaba de serlo cuando empezaba a tocar en una orquesta. Simbólicamente dejaba de ser pobre, ya que podría tener una aspiración de progreso y la posibilidad de un oficio que de un modo u otro resultaría redituable, ya sea en la práctica orquestal misma, en la enseñanza, en la luthería.El Sistema llegó a tener 140 núcleos regionales, unas 180 orquestas y unos 300 mil niños y jóvenes de toda Venezuela. No fue un proyecto meramente asistencialista. Si el punto de partida fue social, el desarrollo fue eminentemente artístico. Abreu era ún director musical muy exigente; su Sistema es una estructura piramidal coronada por la que sigue siendo una de las mejores orquestas del todo el continente americano: la Sinfónica Simón Bolívar, que en la Argentina pudimos escuchar varias veces dirigida por Gustavo Dudamel, el hijo más eminente del Sistema, hoy titular de la Filarmónica de los Angeles (días atrás Dudamel volvió al Colón, pero esta vez con la Filarmónica de Viena, y con un programa híperconservador).El Sistema seguramente sea la política de estado más sostenida en la historia de Venezuela. Nadie querría restarle apoyo a un proyecto simbólicamente tan redituable, ni siquiera el demente de Nicolás Maduro.Dudamel, aun ya como titular en Los Angeles, siguió siendo el mayor embajador internacional del chavismo en sus deslumbrantes giras al frente de la orquesta venezolana. Con Maduro en el poder, Dudamel ejerció un equilibrismo y mantuvo un silencio que se fue tornando cada vez más inaceptable, no sólo para la oposición venezolana sino también para el mundo libre en general (además de ser titular en Los Angeles, Dudamel es uno de los directores favoritos en Viena y en Berlín); hasta que el asesinato del violinista Armando Cañizales en las movilizaciones contra el régimen en mayo de 2017 obligó al director a una declaración. “Desde la fe inquebrantable en el respeto a la diversidad humana -dijo Dudamel- siento la necesidad y la obligación como ciudadano venezolano de manifestarme en contra de las elecciones para conformar una Asamblea Nacional Constituyente en los términos en que fueron convocadas por el gobierno de Venezuela para el próximo 30 de julio. La forma en que las autoridades de mi país han llevado adelante esta medida no hace más que avivar el conflicto nacional antes que solucionarlo”.Maduro, por su lado, replicó en su mejor estilo (“Bienvenido a la política, Gustavo Dudamel, pero actúa con ética”) y ordenó cancelar la gira internacional de la Orquesta, prevista para noviembre de ese año.Los funerales del maestro José Antonio Abreu no contaron con la presencia de su hijo dilecto. Es improbable que Gustavo Dudamel regrese a su país hasta que Maduro no sea desalojado del poder, aunque para entonces no se sabe qué quedará del Sistema ni qué quedará de Venezuela.

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