Cena íntima de Señora y Señor de Cincuenta

Señor de Cincuenta pasa a buscar a Señora de Cincuenta. Camioneta blanca nacarada. Aire acondicionado. Señor de Cincuenta maneja seguro. Elige el restorán. Elige la mesa. Corre la silla. Señor de Cincuenta y Señora de Cincuenta ya salieron vez anterior. Señor de Cincuenta paga la cuenta. Señor de Cincuenta parece sexy. Tiene buen perfil. Mejores manos. Viene bien Señor de Cincuenta.Llegan los postres. Comen del mismo plato. El almíbar de un dulce oriental resbala entre los dedos de ambos. Ella imagina los próximos minutos. Si él tomará la iniciativa. Si la acorralará cuando suban a la camioneta. Cómo serán esos labios carnosos. La cuchara pasea por la boca de él y retorna a la de ella.Señor de Cincuenta, de repente, mira la hora. Sus ojos se abren como repollos. Deja todo bocado. Señora de Cincuenta pregunta si algo pasa. Señor de Cincuenta explica: “Empiezo el ayuno. Me hago la videocolonoscopía mañana”. Señora de Cincuenta ya no pregunta. Señor de Cincuenta se explaya: “A partir de los 50 no zafás de la videoco…” Señora de Cincuenta ya no escucha. Apenas digiere delicia oriental. Señor de Cincuenta suma detalles: “No me gusta el asunto de la camarita. Y menos eso de depurar el intestino”.Señora de Cincuenta quiere irse. Señor de Cincuenta insiste: “Me recomendaron un centro de análisis buenísimo”. Señora de Cincuenta se imagina, lo antes posible, sola en su cama. La esperan las páginas de un magnífico policial. Señora de Cincuenta consigue rápido un taxi. Señor de Cincuenta llama al mozo. Le cuenta. Mozo de Cincuenta se sienta. A él también le toca. La videocolonoscopía.

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