Una muestra dedicada a la obra pictórica del padre de la neurociencia

Ver una exhibición con la ayuda del aparato mismo que es el tema de la muestra no es algo que suceda a menudo. Pero así sucede con “El hermoso cerebro: los dibujos de Santiago Ramón y Cajal” en la Galería de Arte Grey en la Universidad de Nueva York, una de las muestras más inusuales y deslumbrantes de la temporada.“Células en la retina del ojo” (1904), uno de los dibujos más impactantes de Santiago Ramón y Cajal en exhibición en la Galería de Arte Grey en NY (Instituto Cajal, Madrid).Se presentan 80 bocetos en libreta en las cuales se combinaron variadas de tinta y lápiz de mano del neuroanatomista español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), considerados entre las máximas ilustraciones científicas del mundo. Juntos describen un inframundo fantástico de formas flotantes, redes lineales, nodos que estallan y energías torrenciales. A ese elemento ubicado entre las dos orejas, se lo presenta como un inmenso universo cósmico.El hecho de que las imágenes también son innegables como arte sólo agrega a la complejidad de la experiencia.Ramón y Cajal es considerado el padre de la neurociencia moderna, tan importante en su campo como lo son Charles Darwin o Louis Pasteur en las suyas (aunque relativamente desconocido fuera de él). Sus descubrimientos, realizados durante la última docena de años del siglo XIX, tienen que ver con la forma en que las neuronas, los bloques de construcción del cerebro, la médula espinal y el sistema nervioso, se comunican entre sí.Su teoría —inmediatamente aceptada por la mayoría, pero que no llegó a verse fundamentada hasta la década del ’50— era que las neuronas están en contacto sin tocarse. Se comunican a través de espacios infinitesimales conocidos como hendiduras sinápticas.“Células de un tumor que cubre las membranas del cerebro”, un dibujo de 1890 (Instituto Cajal, Madrid).Mediante una transmisión química y eléctrica, el axón de una neurona habla con la dendrita ramificada de otra. Este proceso de mensajes sinápticos entre células no conectadas llegó a conocerse como la “doctrina de la neurona” y, en 1906, fue el vehículo que llevó a Ramón y Cajal a ganar el Premio Nobel en Fisiología o Medicina. Lo compartió con el histólogo italiano Camillo Golgi, quien había ideado un nuevo método de teñido para los tejidos con el que se podían aislar células individuales bajo el microscopio, en lugar de presentar al ojo masas revueltas ilegibles.Una ironía del premio conjunto (por revelar la estructura del sistema nervioso) es que a Golgi nunca lo convenció la doctrina de la neurona y se mantuvo fiel a la teoría reticular, que veía a las neuronas como conectadas físicamente.En su investigación, las dos herramientas de Ramón y Cajal fueron el microscopio más potente que pudo encontrar y una de las técnicas de arte más antiguas conocidas por el hombre: el dibujo, para el que poseía gran talento.Mirando a través de la lente vio con tal claridad y dibujó con tal precisión que algunos de sus dibujos aún aparecen en los libros de texto. Y, sin embargo, dibujó con tal delicadeza y vivacidad que sus dibujos por sí solos son maravillas de expresión gráfica, a la vez misteriosos y familiares.Estas pequeñas obras evocan suficientes cosas que uno ya conoce —paisajes, sistemas meteorológicos, árboles, vida marina— que lo traen a uno de vuelta a la realidad, dejando entrever los propósitos múltiples de ciertas estructuras naturales.“Neuronas Purkinje del cerebelo humano”, un dibujo de 1899 (Instituto Cajal, Madrid).Los dibujos despertarán admiración boquiabierta en los entusiastas de arte, quienes usan sus cerebros sin realmente saber cómo funcionan, y comentarios emocionados de los visitantes del campo de la neurociencia.Por Roberta Smith © 2018 The New York Times

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