Aburrida de los bares, la juventud china se vuelca a las peleas clandestinas

Chengdu, China — En el sexto piso de un centro comercial en esta ciudad del suroeste de China, un fornido maestro de ceremonias que se hacía llamar “Tren” se pavoneaba sobre un cuadrilátero, animando a la multitud para una noche de golpes y patadas. Después de una clausura, había vuelto a operar el “club de pelea”.Yan Nan, de 33 años, perdió su combate en Chengdu en el tercer round, pero dijo que volvería a pelear (Gilles Sabrie para The New York Times).Se desvaneció la música funk, se intensificaron las luces y se inició el enfrentamiento entre dos boxeadores aficionados. Yan Nan, de 33 años, un ágil trabajador de oficina en una empresa de maquinaria, se medía contra Li Guowei, un musculoso instructor deportivo, 10 centímetros más bajito y siete años más joven.“Espero que los niños en su clase no metan la pata”, dijo en son de broma el maestro de ceremonias, cuyo nombre real es Wang Zijing, sobre Li, a los cientos de aficionados apretujados alrededor del cuadrilátero.El club de pelea en Chengdu, una ciudad con unos 8 millones de residentes urbanos, es un testamento a los jóvenes emprendedores chinos que prueban algo nuevo, aún con numerosos obstáculos de por medio.Shi Jian, el gerente del club, y Wang dijeron que habían sido inspirados a abrir su negocio en 2015 tras ver “El club de la pelea”, la película de 1999 en la que Brad Pitt y Edward Norton inician un club de pelea clandestino.Yan Nan, de 33 años, se enfrentó a Li Guowei, de 26 (Gilles Sabrie para The New York Times).Shi, de 35 años, Wang, de 29, y otro inversor hallaron un entretenimiento que creyeron que atraería a los chinos veinteañeros que estaban aburridos con los bares y las noches de karaoke. Su club presenta peleas semanales de box, kickboxing y artes marciales mixtas.“Aquí es un poco más comercial, pero estamos tratando de hallar algo de la onda clandestina”, señaló Wang, sobre su nuevo espacio dentro de un centro nocturno de karaoke.En años recientes, el box y las artes marciales mixtas han estado disfrutando un auge menor en China. Se han multiplicado los gimnasios y el público por todo el país. Un grupo de fans estima que el número de clubes había alcanzado los 8300 en 2016, comparado con 2700 en 2008.No obstante, en Chengdu el club lucha para encontrar un equilibrio entre ser lo suficientemente sofisticado para atraer clientes y lo suficientemente respetable para mantener a los inspectores a raya.En un local anterior, el club tuvo que lidiar con quejas de la policía, que consideraba que las peleas semanales eran indeseables, si no es que ilegales. El club de Chengdu cerró en noviembre, y reabrió a fines de enero luego de que los socios persuadieron a los funcionarios municipales de apoyarlos.Este año, los socios planean expandirse al traer peleadores profesionales de toda China. Por ahora, los peleadores del club son profesionales de clubes locales o aficionados.El club de pelea en Chengdu, China, lucha por atraer clientes mientras mantiene a raya a las autoridades (Gilles Sabrié para The New York Times).“Es sólo por diversión”, aseguró Yan, antes de su pelea.La famosa primera regla en la película “club de la pelea” era “no hablar sobre el club de la pelea”, y Yan tenía su propio giro: no le digan a sus padres.“Ellos creen que a mi edad uno debería ser más estable”, dijo, antes de cansarse en el tercer round de su pelea y recibir una paliza de Li. Por Chris Buckley y Adam Wu – © 2018 The New York Times

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