Siete historias de rescates: una fundación salva animales y les brinda una nueva oportunidad de vida

Perros agonizantes, caballos desnutridos forzados a tirar de un carro hasta el límite de sus fuerzas que caen exhaustos, yeguas que paren mientras caminan cargadas hasta con heladeras, animales silvestres víctimas del tráfico ilegal, terneros moribundos en un jardín y otro en la puerta de un matadero, gallos de riñas. Estos fueron algunos de los animales rescatados solamente en los últimos 50 días y se suman a las decenas de intervenciones realizadas durante el año pasado por este grupo de personas que prefiere no ser indiferente al padecimiento no humano. ¿Cómo es el trabajo diario de un activista por los derechos de los animales?Desde hace un tiempo, la Fundación Amora (que generalmente actúa en la zona oeste del Gran Buenos Aires) recibe denuncias o alertas que avisan que un animal está en riesgo y cual escuadrón de rescate salen en su ayuda. Lo hacen poniendo todo de sí para lograrlo: sus cuerpos, sus emociones, sus tiempos y su dinero.Almendra Gargiulo es una de las voluntarias de Amora, una organización sin fines de lucro nacida hace dos años y “fundada por personas sensibles al maltrato, la crueldad y el dolor que ocasiona el hombre en su afán de consumo”, según la autorreferencia que hacen en la web desde la que aseguran que siguen el objetivo de educar sobre los seres sintientes y dar a conocer las crueles metodologías que se utilizan para abastecer las demandas del mercado mundial.Según contó a Infobae, Almendra no recuerda al primer animal que rescató porque lo hace de manera innata desde niña, pero entre todos ellos destaca el día que llegó a la vida de Platón, un rottweiler cruelmente golpeado.”Lo rescatamos hace 7 años en un corralón de materiales. Lo golpearon hasta lastimarlo tanto que le destrozaron las patas; lo encontramos moribundo y habiéndose arrancado sus propias patas. Desde entonces vive conmigo y creo que fue uno de los que más impulso para todo esto”. Ese caso fue también el primero en judicializarse y en sentar precedente tanto para el compromiso de denunciar como también para que la justicia asuma la responsabilidad de actuar.Las sensaciones se entrecruzan desde el momento en que comienzan a actuar. “En cada rescate se mezclan las sensaciones. Hay impotencia, bronca, angustia, pero siempre tratamos de pensar de manera positiva que todo se va a resolver de la mejor forma”, aseguró Emiliano Giberti, activista de Amora que participó casi en la totalidad de los rescates de la fundación.Aparte de las situaciones diarias a las que un activista se enfrenta en cada rescate debe lidiar con las críticas de quienes consideran que deberían ocuparse de otros asuntos. “Solemos escuchar quejas de por qué nos ocupamos de los animales y no de las personas… También lo hacemos, pero quien dice eso es porque no se ocupa de los perros, ni los niños, ni los ciegos, ni de los refugiados —lamenta Almendra—. Creo que lo principal es que una persona active por algo, que todos activemos por lo que nos importe, por lo que creamos. Yo lo veo todos los días y todos los días me voy a dormir sabiendo que le cambié la vida de alguien. Lamentablemente quien dice eso nunca supo lo que es cambiar la vida de otro”.Los rescates más impactantes y conmovedores de AmoraEl sábado 16 de diciembre de 2017, bajo el calor agobiante que azotaba Buenos Aires, un grupo que se manifestaba en la puerta del matadero de Morón presenció el nacimiento de una ternera dentro de un camión jaula a segundos de ingresar. Tras intensas conversaciones con los dueños del lugar y el propietario de la hacienda, lograron salvar la vida de la recién nacida, pero no tuvieron la misma suerte con la madre que fue faenada horas más tarde. Un mes después, otros dos terneros en estado crítico fueron asistidos por el grupo, pero solo uno sobrevivió.–Las historias de Save y Nerón. Durante la cuarta vigilia organizada por Buenos Aires Animal Save en las puertas del matadero de Morón nació una ternerita en medio de la bosta de las vacas que estaban a minutos de ingresar a ese lugar para ser faenadas. Fue la voz del propio conductor del camión la que alertó a los activistas sobre el acontecimiento y no dudaron en pedir por esa vida y la de su madre. Sin éxito en el segundo caso, lograron rescatar a la recién nacida que luego de unos días en hospedaje transitorio para estabilizarla fue trasladada a un santuario de Córdoba donde hoy crece y comparte su vida con otras especies.El viernes 12 de enero otra alerta avisó a la Fundación Amora sobre dos terneros y una yegua en pésimas condiciones en una casa de Malvinas Argentinas. Estaban en un patio detrás de una reja cerrada con candado y sobre una carpeta de cemento carente de césped para alimentarlos. Las condiciones eran pésimas y debió intervenir la policía. Durante toda una tarde y su noche los activistas esperaron que bajase la orden de allanamiento de la fiscal de turno para poder rescatar a los animales que morían delante de sus ojos. Cuando lograron que los habitantes de la casa (les habían dado a los terneros para matarlos y comerlos, pero como no se animaron los dejaron morir de hambre porque no sabían qué hacer con ellos ni con una yegua, en las mismas condiciones) abrieran el portón comenzaba la recuperación de uno y la agonía del otro ternero.”Uno de ellos murió esperando la orden de la fiscal para poder sacarlos”, reprochó Almendra. Por su parte, Emiliano se quejó de la burocracia y del tiempo de la justicia cuando una vida está juego: “Los veterinarios que tenían que hacer el informe nunca llegaron y Pólux (como bautizaron a uno de los terneros) murió en nuestros brazos”.Pese al dolor de la pérdida, luego de casi 24 horas rescataron a Nerón (ternero) y a Helena (una yegua). La muerte de Pólux, que había sido intercambiado como mercancía, se debió a inanición porque como todo bebé los primeros días de vida necesita alimentarse de la leche de su madre, pero esa suerte no la tienen los terneros, condenados a morir debido a la producción láctea para consumo humano.-Las historias de Pati, Mía y Helena: la primera es una potranca que se reencontró con su madre, una yegua rescatada de la tracción a sangre durante la vigilia en la que se rescató a Save. “Interceptamos un carro conducido a toda velocidad por dos menores y tirado por una yegua en muy mal estado, toda sudada y con las mamas llenas de leche y otros signos que evidenciaban haber parido recientemente, por lo que solicitamos que nos la entregasen (la bautizamos Mía) porque no estaba en condiciones de seguir tirando del carro”, contaron desde Amora.Una vez que pudieron rescatar a la madre averiguaron el paradero del  potrillo que debía estar en pleno período de lactancia y dependía de ella para vivir. “Nos aseguraron que lo habían vendido y cuando logramos la entrega voluntaria de Mía quedó a resguardo”. Entonces, el grupo de Amora comenzó con las diligencias para reunir a la familia: sabiendo que la urgencia por esa reunión no entendía de tiempos jurídicos, optaron por pedir ayuda a la comisaría de la zona para ir por el animal. “Tras largas horas de angustia, con la policía actuando de oficio, ubicamos el lugar donde vivía Mía y nos llevamos a su cría, una hermosa potranca de 2 meses a la que bautizamos Pati.”Estaba baja de peso, vivía entre escombros y basura comiendo los pocos pastos que crecían. Logramos sacarla de ahí y reunirla con su madre. Le pusimos Pati en homenaje a Patricia, la abogada de la fundación que ese día hizo todo por ese rescate”, contó Emiliano.Helena fue rescatada aquella tarde en que llegó el alerta por los dos terneros. Estaba en el patio de una casa, sobre un piso de cemento, sin comida y baja de peso. Al ser trasladada a su hogar de tránsito comenzó a comer casi con desesperación. En breve será llevada al lugar donde pasará el resto de sus días.Nerón y Helena se encuentran en un hogar de tránsito en buen estado de salud.–El rescate de Maxi, un gallo usado para riñas. Un aviso alertó a Amora que luego de un operativo de control de tránsito en Pontevedra (Merlo, provincia de Buenos Aires) efectivos de Gendarmería había encontrado a un gallo dentro de una transportadora pequeña en el interior de un vehículo y que el animal era utilizado para apuestas clandestinas y que al momento de la inspección iban camino a una pelea de gallos.”Le habían arrancado gran parte de las plumas y tenía lastimaduras en las alas. En la veterinaria un profesional constató las lesiones”, recordaron desde Amora. Además, le suministraban drogas para que gane masa muscular.Los espectáculos con animales están tipificados en el articulo 3 (inciso 8) de la Ley Nacional de Protección Animal 14.346. En tanto que el juego clandestino y las apuestas están penadas en el artículo 301 bis del Código Penal de la Nación. El maltrato animal y los actos de crueldad contra ellos deben ser denunciados ante la fiscalía o ante la policía de la zona donde ocurre el delito.Los voluntarios de Fundación Amora son veganos y viven de acuerdo a sus convicciones de que toda vida vale y que ningún animal merece morir, ni ser explotado por ningún fin. Pese a rescatar todo tipo de animales, se destacan por el trabajo que realizan para terminar con la tracción a sangre, problemática social y de maltrato animal pendiente de debate en el Congreso. Para conocer más sobre su tarea puede ingresar a sus redes sociales o  bien a este link.LEA MÁSCuatro refugios de perros donde se puede encontrar a un nuevo “mejor amigo”

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