¡Caos! Crónica de un día entero sin celular

Si me hubiesen preguntado hace una semana, les hubiera dicho que para mi el celular era WhatsApp y selfies, y que ambos eran más que prescindibles para la vida diaria. Por eso, cuando se me resbaló de la mano y con el golpe dejó de funcionar la pantalla touch, me sorprendió darme cuenta que toda mi vida dependía de ese pequeño aparato y descubrir que, cuanto más inteligentes son los celulares, más idiotas nos hacemos nosotros.Viví la mayor parte de mi vida sin llevar una mini computadora-arregla-vida en el bolsillo, pero estar 24 horas sin celular fue lo más parecido a una pesadilla. Constantemente estaba buscándolo en el bolsillo para hacer algo, como cuando se corta la luz y sabemos que la tele no funciona, pero tratamos de usar el microondas, porque no terminamos de internalizar que todo lo que nos rodea funciona con la misma energía.Primero me di cuenta de que la única alarma que tengo para despertarme es la del celular. Se me ocurrió llamar a una amiga para pedirle que me despertara pero no sé ningún número de memoria, ni siquiera mi propio número fijo (que tuve que buscar en la factura). Finalmente encontré a mi amiga en chat de Facebook y me fui a dormir pensando que lo peor había pasado. Mirá también Meghan Markle: se agotó el tapado que usó para anunciar su compromisoAl día siguiente tenía varias reuniones y los celulares nos acostumbraron a que todo se puede decidir o cambiar minuto a minuto. Así que tuve que avisar a cada uno de los involucrados que no tenía otro medio de comunicación más que la computadora, y cada vez que podía entraba en un café como quien lleva a un infartado al sector de emergencias de un hospital, pidiendo la clave de wifi como si fuera un desfibrilador.Estamos tan poco preparados para estar sin celular, que en la compañía de telefonía me decían cosas como “ese trámite sólo puede hacerse marcando asterisco…” ¡No puedo marcar asterisco de nada, porque no funciona mi teléfono! me daban ganas de gritar. A esa altura el malhumor iba creciendo y empezaba a sentir una creciente empatía por esa gente que decide destrozar un local en un día de furia.Irónicamente estar incomunicada te obliga a comunicarte con los demás que sí tienen celular y están inmersos (como yo hasta hacía unas horas) en sus pantallas salvadoras con la página de Clarín, los videos de Youtube o espiando las vidas ajenas en las redes sociales, pero también con una fuente de otros datos que yo necesitaba urgentemente: la hora, cómo llegar a determinada dirección o qué colectivo me tenía que tomar. Cuando les consultaba algo, “Los Conectados” me miraban con desconfianza, acercando sus amados aparatos al pecho, como protegiéndolos de mí, una reciente paria del sistema, temiendo que se los quisiera robar. Mirá también Marcela Labarca: “A muchos les quedó pendiente vivir un sexo extraordinario o una gran pasión”Necesitaba llegar a una de mis reuniones pero hace tiempo que sólo pido taxis por una aplicación que evita que me paseen por toda la ciudad y sin la aplicación y sin GPS, prefería apostar por el transporte público. Cuando estaba arriba del colectivo me aburrí instantáneamente. Es que mi cerebro ya no sabe qué hacer fuera de la Matrix, en el mundo real donde el tránsito se mueve con lentitud.Otra cosa que te da la ausencia de celular es tiempo para pensar y recordé a Skynet, la inteligencia artificial de la película Terminator que un día decide matar a todos los humanos. Y llegué a la siguiente conclusión: si las máquinas se rebelan, no necesitarán armas para deshacerse de nosotros, si bajan las antenas de celulares ya estamos fritos. Sin celular no sólo no nos podemos comunicar entre nosotros sino que tampoco sabemos tomarnos un colectivo, pedir un taxi, delivery de comida, ni siquiera sabés levantarte un chongo sin Tinder.Me seguiría preocupando por estos temas, pero recuperé mi celular y la falsa ilusión de tener todo bajo control.* Por Sole Castro Virasoro, autora de “Mujeres Alfa y hombres 2.0” y creadora de Mujeres Alfa. Mirá también La ¿batalla? de los sexos Mirá también ¿Los cuentos clásicos tratan a las mujeres como objetos? Mirá también Cuántas tazas de café conviene tomar por día

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