Miró: la alegría de la libertad

Pocos artistas despiertan la curiosidad, admiración y esa sensación de alegría como él. Porque sus trabajos, a primera vista parecidos a los dibujos de los niños, llenos de signos y de formas misteriosas –algunas de ellas aluden a estrellas, personas o simplemente a la nada y al todo a la vez- son, fundamentalmente, un canto a la libertad: francos, expresan con enorme desenvoltura y sinceridad una sensibilidad muy personal, que fue atravesando momentos y estilos. “Lo que realmente importa es desnudar el espíritu”, sostenía Miró en los años 40. Y tenía razón: eso se percibe en sus trabajos.Tras una etapa realista, luego –ya instalado en la París de la ebullición de las vanguardias artísticas-, Miró se relacionaría con el Surrealismo. Serían André Breton, Paul Klee, Paul Eluard y Giorgio de Chirico, por ejemplo, los artistas a los que observaría y con los que se juntaría para crear. Tomaban como fundamentos elementos, metodologías y sistemas nunca antes tenidos en cuenta de forma rotunda: el inconsciente, el sueño, el juego y el azar. Y quizás sean estos procesos que todos llevamos dentro los que Miró pone afuera en sus dibujos, sus pinturas, y más tarde en sus cerámicas, collages y escenografías, quizás sean ellos los que nos brindan esa sensación tan liberadora.Cero prurito, cero represión a la hora de crear, y con la enorme energía que da la fuerza creativa cuando es usada al cien por ciento, el artista aludía, en tiempos de guerras mundiales y de la Guerra Civil Española, a un hombre nuevo: a un hombre que, a pesar de la destrucción imperante en Europa, reservaba un dejo de esperanza; que podía reconocer en los colores, las formas inventadas, el cielo y los sueños.Hacia adelante en su vida, cuando los grafismos de Miró se volvieron más abstractos, más extremos, y sus pinturas tuvieron menos elementos (quizás a veces aparecía un pájaro, a veces una escalera o simplemente, una línea), influyó en grandes como De Kooning, Pollock, Rothko.“La pintura y la poesía se hacen como hacemos el amor”, sostenía Miró, “un abrazo total, la prudencia arrojada a los cuatro vientos, nada detrás.”

Fuente

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *