La leyenda del “Halcón”: el campeón de Kick Boxing que le ganó al paco y ayuda a los chicos a salir de las drogas

Gabriel Sandoval espera parado bajo la lluvia. Viste una campera negra, de esas con plumas adentro, y pantalones cortos. Parece no sentir frío. Su aspecto de boxeador, con la nariz aplastada por las piñas y las manos fuertes como piedras, de alguna manera lo protegen. Saluda con afecto y nos deja entrar a su casa. “Bienvenidos a mi humilde morada”, dice con picardía. Vive en un cuartito, ubicado en el patio trasero de la casa de su suegra, con su mujer Malen y su pequeña hija Oriana, de solo un año. Cuenta que está construyendo la suya, cerca de ahí. “La levanté en un terrenito que compré. En cualquier momento me mudo”, explica, mientras prepara un mate.Grabiel Sandoval, alias El Halcón, en el club El Progreso con sus alumnos de Kick Boxing. FOTOS MARTIN BONETTOSandoval sabe de construcción. Trabajó cinco años en la Uocra. Ahí, además de aprender albañilería, descubrió la cocaína, y su vida se detuvo. Estuvo muy metido desde los 18 a los 23. Luego paró un poco, terminó el secundario y volvió. “Empecé con la marihuana, después pasé a la cocaína, pastillas y terminé en el paco”. En ese momento tocó fondo. Estaba todo el tiempo en la calle y “hacía cosas malas”, cuenta. Llegó a estar varios días preso en una comisaría. Sin trabajo, sin nada y lejos de su familia. En ese momento tuvo una revelación, vio el desierto en el que estaba, y resolvió dejar las drogas para siempre. “Era el día del Padre y yo estaba en cana”, relata hoy Gabriel, entre sorbo y sorbo de mate, mientras prepara una mamadera para Oriana.Sandoval vive hoy en el barrio Infico, de Florencio Varela, pero nació en el barrio Sarmiento hace 26 años. A los 13 años ya trabajaba y en la calle aprendió a pelear. Hoy cuenta que esa formación pugilística le dio confianza para dedicarse al kick boxing, el deporte de combate japonés que abrazó como profesión y que más tarde cambiaría el curso de su existencia y lo alejaría por completo de las adicciones. “Comencé primero para defenderme en la calle. Pero una vez que aprendés y lo hacés profesionalmente no te peleás más”, detalla el Halcón.De ahí en más se tomó muy en serio el deporte y dejó los vicios. “Entrenaba a tres veces por día. Me levantaba a las tres de la mañana, desayunaba avena con licuado de banana y me iba al club. Mañana, tarde y noche”, recuerda.Ese fue el comienzo de la leyenda del Halcón de Varela, el campeón de kick boxing que hoy protege y ayuda a los chicos de su barrio. Ganó el título de la Federación Iska a principio de año en Posadas, Misiones. Lo defendió dos veces y perdió en la tercera defensa. El viaje se lo pagaron los vecinos. Gracias a una fiesta para recaudar fondos que hizo en el club. “Ver el apoyo de todo el barrio me incentivó”, dice Gabriel, que espera trasmitirle eso a sus alumnos.Gabriel Sandoval, el Halcón de Varela, ex adicto al paco y campeón de Kickboxing. Foto: Diego Waldmann.”Me gusta darle clases a los chicos… siento que los alejo del escabio y del faso”Desde entonces dedica sus días a enseñar en el Polideportivo Don Orione. Dos veces por semana se junta con chicos de todas las edades y de ambos sexos para pasarle todo lo que aprendió. “Ser profe me hizo más responsable. Me gusta darle clases a los chicos porque siento que están en mi lugar, que no están en la calle, que les doy dando apoyo. Está bueno porque porque los alejo del escabio y del faso. Está bueno que tengan la oportunidad de ver lo bueno que es el deporte”, piensa el Halcón, quien agradece al Programa Acá Estamos. “Gracias a ellos tuve la posibilidad de enseñarle bien a los chicos. Yo empecé sin nada. Tiraba patadas y piñas al aire”, acota.El mate ya está lavado y Oriana empieza a treparse a todos lados. El Halcón se para, la agarra y la acuesta en la pequeña cuna al lado de la cama de sus papás. Es increíble verlo actuar con tanda docilidad, sabiendo que este púgil de un 1,72 metros y 70 kilos podría noquear a este cronista en cualquier momento, por alguna pregunta inoportuna. Pero en sus ojos ya no quedan rastros de esa pasado violento. De las noches interminables, de las drogas, el alcohol, del descontrol y de pelearse por pelearse. “Hay cinco años de mi vida que no me acuerdo”, dice Sandoval buscando algún recuerdo en su mente. Mirá también A los 65, irá a nadar a las Malvinas para tender puentes con los kelpersHoy el Halcón, orgullo de Varela, pasa sus días entrenando, construyendo su casa y sacando a pibes de la droga. También sueña con seguir peleando y recuperar el título de campeón. Cuenta su clave para ganar. “Primero peleo asustado. Después cuando veo que el rival es una persona igual que yo, me calmo y peleo con una mirada más fría. La idea es asustarlo estando asustado”, larga como consejo.Grabiel Sandoval, alias El Halcón, en el club El Progreso con sus alumnos de Kick Boxing. FOTOS MARTIN BONETTOCuando este cronista le pregunta dónde está el placer de dedicarse a los bofetazos, Gabriel contesta con astucia de campeón. “Un placer grande es que me cruzo con gente buena, que está en el deporte. También que les puedo enseñar a mis alumnos que se puede tener un propósito en la vida, que siempre hay algo para uno. Solo tenés que decidirte a buscar lo que vos más querés”, responde como un predicador. Pero al toque añade: “Además el campeón tiene muchos amigos”. Y guiña el ojo. Mirá también Mundos íntimos. Una oferta de trabajo en Europa me puso en crisis: excelente oportunidad pero muy lejos de mi mundo

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