Nora Briozzo, la locutora que se reinventó

Es soprano, pero a la hora de hacer radio no hace alarde de los agudos. Estudió canto lírico durante seis años, hasta que la profesora dinamarquesa Helga Epstein dio el ultimátum: “Debe decidirse cómo quiere usar su voz”. Así, antes de su mayoría de edad, Nora Briozzo se jugó: “Lo mío era hablar antes que cantar”, se ríe. El giro hacia la ruta radial tuvo su recompensa. Desde que en los ’90 se transformó en una de las locutoras emblema de FM 100, no hizo pausas. One, TKM, Pop. Hoy conduce los fines de semana junto a Carlos Monti, Jorge Lafauci y Cecilio Flematti, en La 10.Periodista egresada del Instituto Grafotécnico, locutora recibida en Cosal, su prehistoria con la radio empezó en un sótano de la Avenida 9 de Julio, donde funcionaba Radio América. Cortaba noticias, pero aspiraba a más. Un casting en Mansilla 2668 fue su entrada a Mitre. “La prueba la tomaba Anselmo Marini y era, nada menos, que para el programa de Juan Carlos Mareco”, se emociona. “Pinocho” hizo el gesto de aprobación y no hubo nada que discutir. La rubia terminó acompañando a Marcelo Bonelli por las mañanas y a Mochín Marafioti por las noches.(Constanza Niscovolos).Siete días a la semana en “la cápsula de aire” la llevaron a saltar de banda y hacerse cargo de dos ciclos de FM 100. Llegaron, entonces, la acumulación de millas, las entrevistas a figuras de la música, los encuentros en Londres con Elton John. “No tengo secretos. Cuando hablo al micrófono no me dirijo a un grupo, personalizo. Le hablo a uno, que en ese momento se siente un oyente único”.El periodismo había sobrevolado a sus antepasados. Su abuelo, Ricardo Briozzo, era propietario de una imprenta en la que se editaba la histórica revista Caras y caretas. Su padre, Carlos Alberto, profesor de Letras, trabajaba en el área del viejo diseño gráfico de “Clarín”.Nieta del folclorista Esteban Velardez, Briozzo terminó dejando guardada la voz en un disco de chacareras de Los Carabajal. Y contagió de música a su hijo Mariano Santos, el ex DJ de “Animales sueltos”, que fue impulsado por Alejandro Fantino.-¿Desde tus comienzos, el rol estrictamente de la locutora creció o se estancó en figura decorativa?-Depende el caso. Algunas emisoras disponen que las mujeres todavían tengan un rol más acotado, de hora y temperatura nada más. Pero no puedo hablar desde mí, porque siempre me dieron otro lugar de la palabra. En el recuento, a la mujer le cuesta el doble de esfuerzo. Eso tiene que ver no con el medio, sino con la sociedad.-¿La FM se volvió más AM o la AM más FM?-Se volvió más AM la FM. Porque hay más necesidad de comunicar. Antes ganaba la música, pero hoy hay más palabra. Aunque para mí todo es radio, no distingo frecuencia o amplitud modulada.-Tantos vericuetos de la tecnología, que la radio sea hoy mucha imagen y hasta el oyente pueda “automusicalizar” un bloque, ¿te da miedo?-No. Porque la gente quiere primero una voz. Es fascinante lo que hoy suma la tecnología. Es infinita. Antes llegábamos a lugares limitados, el otro día, por ejemplo, nos escribió un oyente desde Groenlandia. Hay que evolucionar. Lo único constante es el cambio. Además, hoy todos somos emisores. Los oyentes son emisores por redes. Generan. Multiplican.-¿Pero esa masa indiscriminada de información no atenta contra los comunicadores?-No si se capitaliza con cuidado.-¿Hay buen cantero de locutoras argentinas o las chicas se van a otros roles o formatos?-Lo tradicional de la voz y el estudio tal vez no se transita igual. Tal vez se intente llegar desde una fama más rápida, pero finalmente en este medio no se sostiene y es efímero-No impostás, se te escucha natural. ¿Impostar la voz pasó de moda o sigue siendo el vicio de algunas?-Pasamos por distintas etapas. Antes se impostaba más. Pero con la voz no podés mentir: es una vibración que puede levantar la energía de otro. Yo siento que la mía es una voz del alma, ni más aguda, ni más grave. Será que siempre entendí esto como la misión de acompañar. Para mí trabajar haciendo aire es como ir a una fiesta. Me genera excesiva alegría, quiero seguir haciéndolo para siempre. Total, las arrugas no se ven.

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