Lecciones a domicilio de Haruki Murakami

Existen numerosos manuales para escribir narrativa redactados por escritores profesionales. Entre los más pragmáticos está el de David Morrell (el creador de Rambo en Primera sangre), titulado en inglés El novelista exitoso. Incluye datos biográficos pero también instrucciones muy precisas para “colocar” novelas en el mercado. Entre los más recientes se destaca Mientras escribo de Stephen King, cuya materia autobiográfica es abundante y funciona por separado.Ahora otro peso pesado, Haruki Murakami, aporta su propia masa de consejos, anécdotas, recuerdos, y reacciones ante las críticas. El libro copia el título de uno anterior sobre maratonismo (pasión de Murakami), que copiaba a su vez el título de un libro de Raymond Carver, traducido por él al japonés: De qué hablo cuando hablo de escribir.Murakami no empezó muy temprano: tenía cerca de 30 años. Y cuando lo hizo fue a través de una experiencia casi mística, una “epifanía” experimentada en un partido de béisbol, donde un batazo genial le dijo en secreto con su luz que debía ser escritor. Tuvo la suerte de que la primera novela (que él suele desdeñar, junto con la segunda) obtuviera el premio de una revista, y le diera un aplomo adicional.“Escribir una o dos novelas buenas no es tan difícil, pero escribir novelas durante mucho tiempo, vivir de ello, sobrevivir como escritor, es extremadamente difícil”, subraya. Aclara además que el libro será exactamente sobre eso: escribir novelas, específicamente. Como consumado vendedor en muy diversos idiomas y países, también señala las verdades del mercado: “El número de escritores no tiene límites, pero sí el espacio en las librerías”.Su obra, con algunas excepciones, hace que el lector relacione las narraciones con él mismo, en particular en su primer gran éxito, Tokio blues (o Madera noruega). Hubo varios ejemplos siguientes de relativo realismo, con un protagonista aislado, buscador del amor, bastante fóbico. Pero cuando rompió todos los límites fue con las novelas extensas, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y 1Q84. En la preparación para escribir, Murakami considera que es esencial el entrenamiento físico explícito, a través de la actividad de corredor de larga distancia. La insistencia llega a ser tan fuerte como para consolidar la idea de obsesión, ya que la da como elemento esencial para ser escritor.La capacidad narrativa aparece en la forma en que conjura la época en que fue estudiante en plena rebelión estudiantil de “los 60”, con una visión crítica del momento. En el campo de las contradicciones se cuenta una humildad que llega a parecer sobreactuada, cuando es equilibrada por la piel sensible al extremo a la crítica, que dice no entender, pero que claramente le duele. Un ejemplo es el modo en que el ámbito japonés aprovechó que no obtuviera el Premio Akutagawa (una mezcla de Booker y Nobel) para minusvalorarlo. La presión con ese y otros temas hizo que finalmente se fuera del país a Occidente, movimiento facilitado por el gusto que sentía por la narrativa en inglés y el jazz. En todos esos movimientos fue esencial (como en el caso de Stephen King) el apoyo y la lectura permanente de la mujer de su vida.Cuando describe las aptitudes para ser novelista, las compara con actividades que no destacan por la inteligencia, sino por la capacidad de “tocar y retocar frases hasta descubrir si funcionan o no”. Para él es como dedicarse “durante todo un año a construir maquetas de barcos en miniatura dentro de botellas de cristal con unas pinzas muy largas”. O como el personaje de una novela que no comprende qué es la fascinación por el monte Fuji hasta que no lo escala físicamente.Entre los escritores que admira cita a la húngara Agota Kristof, que tuvo que escribir su obra en francés en vez de húngaro, y que le hace recordar a su propio uso del inglés. No comprende del todo por qué los que no lo aprecian suelen citar “que mi forma de escribir tiene un dejo como de traducción”. Explica: “Lo que pretendía [cuando tradujo el primer capítulo de su primera novela del inglés al japonés] era conquistar un estilo neutro y dinámico que me permitiese moverme con libertad y en el que todo lo superfluo quedase eliminado”.Además del necesario estado físico, considera que la decisión y la voluntad, saber que tarde o temprano se impondrá como escritor, son esenciales. El capítulo “Sobre la escuela” expresa en detalle su disgusto con la represiva máquina educativa japonesa. Entre lo que falta para saciar la curiosidad del lector está el proceso o sistema que emplea para tramar las varias novelas extensas y fantásticas. Una frase peculiar se repite hasta convertirse casi en chiste. Ante determinados temas dice que le “gustaría explicar todo esto, pero resulta demasiado largo y no creo que llegue a entenderse así como así sin un contexto”, y variaciones mínimas.En este caso, lo obvio puede ser además cierto. El libro será disfrutado por quienes ya lo leen, y despertará los mismos resquemores entre quienes (sobre todo narradores) manifiestan cierto fastidio con algunos de sus rasgos básicos, que podrán usarlo como testigo de cargo.De qué hablo cuando hablo de escribir, Haruki Murakami. Tusquets, 304 págs.

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